¡EXTRA, EXTRA, Últimas Noticias!: FRATER PERDURABO nos brainfuckeó a todos: no era Amor bajo Voluntad. Era Mente VACÍA. Corazón LLENO, ¡cojones ya!

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Viene de: Lo nuevo de Tool es la [h]ostia.

 

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Y recordad niños y niñas, para cuando vayan a brainsturbacionar sus sigilos, tito Crowley, como el puto TRICKSTER que era, lo escribió AL REVÈS para mindfuckear bien fuerte a todos los thelemitas de pitifuá:

no es Love under Will: es

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* WILL under LOVE *

¡cojones ya!

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AGAPE manda, madafacas!

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Qüerido tito n0sce: ¿Volverías a ingerir aquella dosis EXTREMA de hongos psicodélicos Copelandia Cyanescens?

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Viene de:

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ADVERTENCIA

Qüeridos niños y niñas:

La información aquí suministrada tiene fines exclusivamente educativos. No intentéis esto en casa. O, si lo intentáis, hacedlo bajo la supervisión de un adulto y asumid las posibles consecuencias en vuestros paradigmas en torno a qué es o dejará de ser esa cachonda cosita llamada “Realidad S.A.”. He dicho.

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EXCELENTE pregunta José Carlos, gracias por hacerla.

Respuesta:

¿Incluso aunque hubieran podido ser la causa de mi Trastorno Bipolar [ Hola. Tengo un Trastorno Bipolar. Pregúntame. ] ?

Sí, sí, sí, sí, sí, síiiiiiii y 1.000.000 de veces , lo volvería a hacer.

 

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Si los hongos me regalaron un TB (que no lo sé a Ciencia cierta), también me regalaron

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una Vida.

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[ Hola. Tengo un Trastorno Bipolar. Pregúntame. ]

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¿Soy mejor persona por haber tomado aquellos benditos hongos?

Pues, como todo el mundo —salvo los niños, que son todo LVX —(salvo el https://es.wikipedia.org/wiki/El_Petiso_Orejudo 😀 )—, yo tengo mis muchas Luces y también mis muchas Sombras.

Es difícil tomar perspectiva sobre uno mismo, eso lo tendrían que decir los demás, pero a corto plazo, tras el consumo, el ego se te puede hinchar a niveles extremos, pues tú HAS VISTO y los “demás” NO. Tú estás “DESPIERTO” y los pobres “normalitos de pitifuá” NO. En fin, creo que a casi todos los que hemos besado el Cielo nos ha sucedido… Pero, si eres un poco inteligente, creo también que se pasa con el tiempo.

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Sin embargo, ahora que ya han pasado 14 años de aquello sí CREO que puedo decir que me he convertido en mejor persona que antes de tomarlos. ¿Ha sido esto por la evolución que da la misma madurez? Pues quién sabe. Yo opinodeque no.

¿Qué me aportó mi experiencia con hongos?

Para empezar, fue un HOSTIÓN en el Ser y Hacer de proporciones KÓSMICAS.

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Por una parte, un exceso de SENTIDO: todo está bien como está:

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Nada que quitar.

Nada que añadir.

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Y es ese Sentido es lo que nos puede hacer sobrevivir a campos de concentración como Auschwitz… (y si no, que le pregunten a Victor Frankl) o a cositas como el Trastorno Bipolar. Algunos encuentran ese Sentido en un Dios personal.

Yo lo encuentro en la Belleza y en la Bondad. La Verdad me interesa más bien poco [ salvo porque la Belleza sea el Resplandor de la Verdad, claro ]: Mente vacía, Corazón lleno y aquello de ¡Intelectual, aprende a morir!.

 

Durante la experiencia se dio también un exceso de Belleza. En Todo, en Todos, en el Multiverso, en ti, en mí, en una flor, en el tubo de escape de un autobús pasando a mi lado…

Con el paso del tiempo, esa Belleza mutó en Bondad.

 

 

Y también una pérdida del miedo a la muerte (que no al sufrimiento corporal, a eso, el cuerpo no termina de domarlo nunca). Que, como charlaba con Jesús Manuel en un comentario, es de lo que creo que va TODO en el sendero “espiritual”.

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Un PERFECTO y absoluto SÍ A TODO.

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Claro que todavía no me queda ná para llegar a ser Verdaderamente Bueno. A otros les sale de forma natural y espontánea: a mí me cuesta un poco más. Pero ahí vamos.

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¿Le recomendaría una experiencia así a alguien que nunca los haya probado?

Ni recomiendo ni dejo de recomendar: cada uno ha de actuar con RESPONSABILIDAD al respecto. Yo, instantes antes de ingerirlos, me juré a mí mismo que aceptaría las consecuencias de mi acto fuesen éstas las que fuesen.

Hoy es el día en el que percibo la “Realidad S.A.” de forma completamente diferente a como lo hacía antes de la misma. Palabrita de niño medio-weno. Y, a la vez, sigo siendo el mismo.

Sigo siendo El Rey.

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Y mi Palabra es La Ley.

 

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“Mi primera meta fue conocerme a mí mismo, la segunda fue desprenderme de todo lo innecesario, la tercera fue comprender que absolutamente todo lo existente es una unidad.”

[ RoVado —para sanar— del muro de Jesús Manuel. Gracias. ]
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Querido seguidor, te voy hablar de alma a alma: todos mis mensajes en este sitio son profundamente optimistas, no porque yo siga la moda de los comerciales libros de auto-terapia, ni siga los preceotos religiosos de alguna secta, ni me crea un Maestro iluminado, ni sea una especie de tonto romántico que no se da cuenta del atroz mundoen en que estamos viviendo. Tengo un alma positiva que ha nacido de mis esfuerzos por llegar a esa realización que es morir feliz.
Nací en un hogar tóxico, producto de dos familias que se odiaban a muerte. Por problemas raciales, no tuve amiguitos, no tuve ninguna relación tierna con mi padre, ni con mi madre, ni con mi hermana. Facilmente el infierno que fue mi infancia hubiera podido convertirme en un loco o un asesino. Por algo que solo puedo calificar como milagroso, aprendí a leer de corrido a los cinco años.. Y el hecho de estar sumido en la soledad emocional me hizo devorar csi todos lo libros que contenía la pequeña y unica biblioteca de Tocopilla. Esta capacidad de lectura me volvió diferente, un inadaptado, un artista-poeta. Me hundí en la vida como quien se lanza a un abismo ciego… Tuve que aprebder a luchar, a amar. a tomarle gusto a la vida, a desarrollar mi conciencia. Una lucha contra las circunstancias exteriores tanto como una lucha contra mi pesimismo. Con sufrimiento, angustia, y toda clase de hridas emocionales, fuiavanzando por esa vida plena de obstáculos. Busqué en multitud de religiones, filosofías, enseñanzas espirituales, Maestros y Gurús. Aprendí a respetarme a mí mismo y luego a respetar a la humanidad entera. Nacido en una zona desértica del norte de Chile, naturaleza reseca, tuve que aprender a amar al mundo vegetal y animal… Mi primera meta fue conocerme a mí mismo, la segunda fue desprenderme de todo lo innecesario, la tercera fue comprender que absolutamente todo lo existente es una unidad, que todas las vidas son parte de una sola , infinita y eterna vida. Comprebdí que los seres humanos no somos soldados de un país, sino que somos ciudadanos de la Tierra entera y, más aún, ciudadanos de todos los universos. Si el Todo es uno, yo, tú, todos los seres vivientes somos la esperanza del cosmos, un cosmos que está desarrollámdose para llegar a la espiritualidad absoluta, inmaterial. Esas ideas me hacen escribir aquí todos los días, con optimismo absoluto, (optimismo logrado después que acepté ser un organismo mortal). Gracias a enfrontar voluntariamente mis sufrimientos y superarlos, he llegado a conocer la paz interior. Por la necedad del mundo comercial e industrual, cuya unica finalidad es acumular dinero, se está olvidando cultivar la verdad, la belleza y la bondad. Se vive sumido en el tener, olvidando el ser. Sobre todo , por desconocimiento interior, pocos se dan cuenta que su cuerpo es un organismo maravilloso, pleno de mágicas capacidades…. He escrito esto, dejándome llevar sin cálculos, al placer de estarte contando la aventura que me llevó de la infancia triste a una vejez plena de amor.

Aqui tienes dos poemas que relatan la intensidad de mis sufrimientos infantiles.

PERDEDOR

Con sus dos años de ventaja
Raquel me aplasta
Cada sábado
por esa calle gris infinita
nuestro padre vuelve del banco
Ella y yo lo acechamos
como caballos esperando el campanazo
para lanzarnos a galopar
Asoma en la lejanía
el creador del mundo
el campeón milagroso
el caimán terrible
el domador de lunas
Comienza entonces la carrera
Raquel dando zancadas
yo cabeza adelante y piés detrás
tropezando
cayendo de rodillas
Triunfal ella estira sus brazos hacia Jaime
Él la sienta en su nuca
con la mirada clavada en el cielo sin nubes
Yo
con las rodillas sangrando
los veo pasar

PEPE

Niño gris cubierto de pelos,
juguete vivo, corazón igual al mío,
bello, dulce, tan amigo,
dando un salto
con la cabeza destrozada.
Balazo salido como diablo
de la pistola de mi padre.
Yo, hecho un ovillo, llorando a gritos
junto al cadáver que enrojece.
-¿Por qué me lo mataste?
-Ese gato tan cerca de tu boca
te hubiera dado la tuberculosis.
Con los ojos clavados en el suelo
y la mente hecha andrajos
se desliza el mundo por mis manos vacías.

Philippe Camoin – Los códigos secretos del Tarot: alegría y una vida sin problemas.

M. Philippe Camoin no necesita presentación. Pero para quien la necesite: http://camoin.com

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Sin palabras. Un espectáculo de libro. Además del libro he comprado la edición digital, un bonito PDF (con DRM). Un pasote absoluto, ya no sólo por la lujosísima presentación, en hojas de papel satinado, que es inmejorable, sino por el contenido. Está llenito de perlitas, a cada página. Copiopego tan sólo un par de páginas de las dedicadas al Número de Oro.

El libro tan sólo vale 48,45 euros con gastos de envío a España incluidos y 26 euros el ebook.

http://tarot.tienda/

Son los libros más baratos que he comprado en mucho desde que me compré La Vía del Tarot de Jodorowsky, hace más de una decena de añitos ya… (!!).

¡Buena lectura y gracias a Monsieur Camoin por su amable dedicatoria!

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Magos a la Obra.

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“No dije nada. Me levanté, salí a la calle y me dejé empapar por el diluvio. Regresé chorreando agua y me senté a meditar como si nada hubiera pasado. Ejo exhaló un murmullo de aprobación, indicando así que aceptaba mi presencia durante las setenta y dos horas que nos quedaban para terminar el rôhatsu.

Debido a la falta de sueño y a la fatiga, mi cerebro funcionaba como si estuviese bajo los efectos de una fuerte dosis de droga. La rapidez de mis pensamientos tenían la energía del delirio. Apenas el maestro me propuso el koan, lo comprendí de la misma manera que un explorador que ha marchado entre las altas rocas de un valle lo ve desde las alturas, cuando es raptado por un cóndor. Fui al mismo tiempo Kyosho, el obtuso monje que responde e interroga, y por último el discípulo comprensivo que imita el sonido de la lluvia para resolver el koan. Cuando el maestro pregunta «¿Qué es ese ruido de ahí afuera?» tiende una trampa al monje. Y éste cae en ella al responder «El sonido de la lluvia». Comprendí que no había «afuera» ni «adentro», que Kyosho, al estar iluminado, es decir, en plena realidad, sabía que el monasterio donde meditaban no estaba separado del mundo, siendo el universo entero una unidad. El monje que medita se siente protegido en los límites de un lugar sagrado. Para él, las diez mil cosas del mundo están separadas. «Afuera» está el ruido «de la lluvia». Para el maestro, ahí mismo llega el ruido del mundo entero, mundo que se prolonga en el infinito y eterno cosmos. Tratando de indicarle esto, le habla de la gente, de los millones de seres que han olvidado la búsqueda espiritual, y le indica que ellos dos están meditando en medio del mundanal ruido. Por eso omite hacer comentarios sobre la lluvia, y de una manera que parece absurda responde «La gente vive en un gran desorden, se ciega a sí misma persiguiendo los placeres materiales».

¿Cómo no iba yo a comprender esta frase si la acababa de verificar en mi visita a Los Globos? Había creído escaparme de ese frívolo cabaret, creyendo que sumido en el zendô junto a Ejo me separaba de los placeres materiales… Pero Kyosho me revelaba que nadie se escapa de nada. Estábamos en la realidad, desplegando la consciencia en un océano de espíritus dormidos, convirtiéndonos en los ojos de un mundo ciego.

Cuando el monje le pregunta «¿Y usted?, maestro» demuestra que aún no comprende. Vuelve a dividir: por un lado, el mundo materialista; por otro, el maestro, aquel que se ha liberado del deseo. Kyosho, con toda paciencia, explica: «Puedo casi comprenderme a mí mismo perfectamente». ¿A quién se refiere con este «mí mismo»? ¿A una limitada individualidad? De ninguna manera. Al decir «mí mismo» se refiere a toda la humanidad, al universo entero y a aquello que da vida al universo. Al decir «casi» afirma que para el ser humano, por ser un punto de vista, obligatoriamente subjetivo, no hay perfección. La perfección sólo puede ser divina. El ser humano y también la materia, permanente impermanencia, pueden sólo acercarse a la perfección. El monje, cabezota, vuelve a la carga, tratando de captarlo todo a través del intelecto, de las palabras, en lugar de sentir… «¿Qué significa comprenderse perfectamente a uno mismo?» Precisamente comprenderse a uno mismo significa sentirse más allá de las palabras, dejándose caer en el abismo de lo impensable.

Kyosho da el espadazo final: «Estar iluminado es fácil. Explicarlo con palabras, difícil». El «Tiiit… Tiiit…» del buen discípulo imitando la lluvia indica que la iluminación, fuera del calabozo intelectual, es un fenómeno natural al que hay que entregarse para que nos empape hasta llegar al corazón.
Continuamos el rôhatsu. La temperatura de mi cuerpo, al cabo de dos horas de concentración, comenzó a aumentar. Mi ropaje, despidiendo un aura de vapor, se fue secando. Con tenaz voluntad traté de impedir que las palabras distrajeran mi mente.

Cada vez que estaba a punto de lograrlo, una tonta confirmación: «Estoy a punto de lograrlo», me hacía fracasar. Elegí una palabra cualquiera, absurda para esos momentos: «guarisapo», y comencé a repetirla mentalmente, una y otra vez, durante un tiempo que se me hizo eterno. Ese vocablo impidió que cualquier otra palabra me invadiera. A las doce de la noche, me dormí repitiéndolo. Y durante los cuarenta minutos de sueño continué aferrándome al «guarisapo» como si fuera una tabla de salvación.

Cuando Ejo me despertó, sin esperar a que me sacudiera, me puse de rodillas, crucé mis manos, estiré mi columna vertebral, levanté levemente las comisuras de mis labios y desintegré la palabra «guarisapo», para quedarme por fin con la mente vacía.

Fue un momento de paz absoluta, pero por desgracia muy corto. Apenas dejé de emitir pensamientos, mi corazón ocupó el hueco mental con sus latidos. Sentí un tambor resonar en mi pecho, como una lenta inundación comenzaron a latir mis sienes, las yemas de mis dedos, mi sexo, mis pantorrillas, mis encías, mi lengua, mis pies. Todo era invadido por ese reverberante ritmo. Al final no había una sola parte de mi cuerpo que no resonara… Luego se sumó el continuo deslizar de un río: mi sangre circulando. Después se agregó el aire, canturreando desde mis fosas nasales hasta mis pulmones y de mis pulmones a mis fosas. Y por último, el hervidero incesante de mi aparato digestivo. No sé qué me pasó, quizás fue una alucinación auditiva, el hecho es que, además de mis ruidos corporales, comencé a sentir que todo lo que me rodeaba estaba dotado de sonido.

Vibraban las maderas del suelo, el techo, las paredes, los cojines e incluso la ropa; los diferentes tonos y ritmos se unían formando un coro semejante al de una colmena. La sensación se extendió al exterior, me pareció oír la música de la ciudad, de la tierra, del aire, del cielo. Fue tan colosal mi impresión que comencé a temblar, a punto de desmayarme.

Entonces Ejo me gritó:

–¡No te dejes caer! ¡Repite conmigo las cuatro grandes promesas!

«A todos los seres conscientes, aunque innumerables…»
–A todos los seres conscientes, aunque innumerables…
–«…prometo salvar. A todas las pasiones, aunque inextinguibles, prometo apagar. Todos los dharmas…»
–Ejo, ¿qué son los dharmas?
–¡Calla y repite aunque no entiendas! «Todos los dharmas, aunque infinitos, prometo cumplir. Toda la verdad, aunque inconmensurable, prometo alcanzar…»

Repetí todo lo que él decía. Ejo iba recitando las promesas cada vez con mayor intensidad. A pesar de que yo hacía lo mismo, no cesaba de gritarme:

–¡Dilo más fuerte!
Terminé gritando a voz en cuello. Pero él siguió insistiendo.
–¡Más fuerte! ¡Más!

Sentí que las cuerdas vocales me iban a estallar. Mis aullidos parecieron vómitos. Continuó exigiéndome más volumen. Me desesperé. Vociferando enloquecido, presa de un ataque de rabia, le arrojé mi zafu [cojín para meditar] contra su pecho. Ejo no se movió ni se inmutó. Siguió repitiendo las promesas y exigiéndome que las repitiera más alto. Viendo rojo, me lancé hacia él con la intención de arrojarlo al suelo. No sé si fue otra alucinación o si la fatiga me había debilitado, el hecho es que, a pesar de empujarlo con todas mis fuerzas, no pude moverlo ni un milímetro. Parecía una estatua, de una tonelada de peso, soldada al suelo. Por más que retrocedí y volví a arrojarme contra él varias veces, resistió mis embates impertérrito. Lancé un último grito, tan fuerte que parte del estuco de una pared cayó. Luego me desplomé, vacío.

Ejo cesó de recitar. Con un palillo de madera golpeó una campanilla.

–¡Por fin! No has gritado sólo con la mitad de tu cerebro, has empleado los dos hemisferios y todas tus vísceras. ¡Eso es resolver un koan! Son las doce de la noche. Ha terminado el rôhatsu. Puedes dormir hasta mañana.

Como una pluma transparente, me dejé caer en el abismo. Cuando desperté, los rayos del sol se deslizaban por la ventana. Entró Michiko para traerme una taza de café y unos panecillos. Sonriente, en un español rudimentario, me dijo:

–Dormido catorce horas. Bajar usted tomar desayuno. Ejo esperarlo. Ven Oaxaca.

Fuente: El Maestro y las Magas, Alejandro Jodorowsky

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PHIesta de Thelemitas: Donald Cammel, Dennis Hopper, Alejandro Jodorowsky, Kenneth Anger.

Donald Cammel, Dennis Hopper, Alejandro Jodorowsky, Kenneth Anger.
Donald Cammel, Dennis Hopper, Alejandro Jodorowsky, Kenneth Anger.

 

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Quien guste, que investigue.

[ o no, claro. ]

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