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Cada día que pasa -y han pasado más de 7.500- me reafirmo más en que la mejor decisión de toda mi vida -además de lo de enseñar a leer a C.- fue esta.
E, insisto, ni los recomiendo ni los dejo de recomendar.
Debe de ser como lo de subir al Everest a pulmón: duro pero con gran recompensa al final. Y no es para cualquiera: puedes morir en el intento (de hecho yo lo hice). Pues eso… ¿cómo se lo vas a recomendar a nadie?
No comparto con McKenna sin embargo su «necesidad» psiconáutica de seguir haciendo dosis «heroicas» durante toda su vida hasta el final de sus días. Creo que una o dos son más que suficientes, porque el trabajo no está en la experiencia sino en la integración. Pero aaaay amigüos, de esa pocos quieren hablar… Y esa, qüeridos amigüos, puede llevar perfectamente el resto de una vida, cuesta arriba y en primera.
Si se hace bien.
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