Alejandro Jodorowsky – La Escalera de los Ángeles, 1999. Así SÍ se filosofa. Y sopitas de ajo para Ratzinger & Habermas, pseud-ónFALOs masturbatorios para ce[r-l]ebros afines.

Venimos de:

Visto en FC, a cuenta de la muerte de Jürgen Habermas.

 

Este pequeño y finito libro, del que tan poco se ha hablado dentro de la bibliografía del Ínclitísimo e Insigne, quizá sea el libro más «prestidigitadoramente prodigioso» de Jodorouski: para mí, consigue extraer Oro (=Consciencia) del excremento (=pensamiento) por el camino de eñmedio: el de la BELLEZA sublime, claro.

Estudió un par de añitos Filosofía y Psicología en Chile. Yo CREO haberle escuchado alguna vez decir que fue filosofía de las matemáticas pero no figura como tal por escrito en ninguna parte de la Red de Redes aka Interneke.

En cualquier caso, el libro, a mi modesto parecer, es prodigioso. Es la continuación de lo que a Güittjenstain le hubiese gustado hacer después de su lacónico «de lo que no se puede hablar hay que callar.» Para Jodorowsky se puede silbar, danzar, pintar, actuar, escribir en un blogck psicodélikoarcontianopoesofista

 

Lo dejo en .txt pues no lo he encontrado en ningún otro formato, ya lo siento porque merece la pena. Y así de paso le hago publicidad: compradlo en papel, no seais ratas de tres patas.

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2
Alejandro
Jodorowsky
LA ESCALERA DE
LOS ÁNGELES
nes sobre el arte del pensar
EDICIONES OBELISCO

UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN-GEN LIBS
3019047649
O 5917 3019047649
THE NETTIE
LEE BENSON
LATIN
AMERICAN
COLLECTION
University of
Texas Libraries
THE UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN

THE UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN
UNIVERSITY OF TEXAS LIBRARIES
DUE
RETURNED

LA ESCALERA
DE LOS ÁNGELES
Alejandro Jodorowsky
LA ESCALERA
DE LOS ÁNGELES
Reflexiones sobre el arte del pensar
EDICIONES OBELISCO
Si este libro le ha interesado y desea que le mantengamos informado de nuestras
publicaciones, escríbanos indicándonos qué temas son de su interés
(Astrología, Autoayuda, Ciencias Ocultas, Artes Marciales, Naturismo,
Espiritualidad, Tradición) y gustosamente le complaceremos.
Puede consultar nuestro catálogo en http://www.edicionesobelisco.com
Colección Narrativa
LA ESCALERA DE LOS ÁNGELES
Alejandro Jodorowsky
1ª edición: marzo de 2006
Maquetación: Marta Rovira
Diseño de cubierta: Enrique Iborra
© 1999, Alejandro Jodorowsky
© 2006, Ediciones Obelisco, S.L.
(Reservados los derechos para la presente edición)
Pere IV, 78 (Edif. Pedro IV) 3ª planta 5ª puerta
08005 Barcelona (España)
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ISBN: 84-9777-266-0
Depósito legal: B-8.483-2006
Printed in Spain
Impreso en España en los talleres de Romanyà/Valls, S.A.
Verdaguer, 1-08786 Capellades (Barcelona)
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación,
incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada,
transmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio,
ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico,
sin el previo consentimiento por escrito del editor.
PRÓLOGO
El sufrimiento emocional era tan intenso que el cuerpo
entero me dolía. Me sentía culpable de respirar. Todo lo
que fuí hasta ese momento había estallado en innumerables
pedazos. ¿Por qué él y no yo? La muerte brutal de mi hijo
me convirtió en un espejo roto…
Los alimentos perdieron su sabor, el sueño se hizo pan-
tano; desprovisto de palabras, la única expresión que me
quedaba era el llanto. Los seres humanos, las plantas, los
animales, los objetos, todos formando parte de él, el
mundo entero era su ausencia. Esa inmensa desesperación
hizo que me diera cuenta de mi absoluta falta de fe: si ha-
bía Dios, Él era indiferente. Después de aquello que yo lla-
maba vida, sólo se nos concedía un abismo negro.
Imposible de aceptar un rostro interior con la capaci-
dad de reencarnar. No había más futuro que las cenizas.
Buscando consuelo viaje a México para visitar a mi maes-
tro zen, Ejo Takata. Sólo me dijo una palabra: «Duele». Eso
me bastó: no había consuelo. No me quedaba más que
soportar el dolor. ¿El dolor, la alegría, la innumerable
gama de sentimientos? Nubes efímeras atravesando el azul
7
de un cielo infinito. Si quería volver a vivir, tenía que
encontrar en mí mismo aquella región donde lo personal
se disuelve, donde ser consiste en aceptar que no se es.
La llaga, si bien no desaparecía, por lo menos dejaba de tor-
turarme cuando me sumergía en el pensamiento puro…
Aquel que no expresaba los detalles del individuo, ni sus
angustias, ni sus emociones, ni sus deseos, ni sus necesidades,
sino que se buscaba a sí mismo, tal un espejo reflejando a otro.
Cuando en mi oscuro rincón de duelo, sentado en posición
de meditación, me desprendía del yo personal, entraba en la
diáfana dimensión donde, cual extrañas plantas, surgen infini-
tas maneras de pensar. No hay fórmulas limitantes, no hay una
verdad sino miles, simultáneas, contradictorias, complejas,
simples, útiles e inútiles. La única cualidad que las hermana es
la belleza. Pensar no es una ciencia sino un arte. Lo que se dice
nunca se comprende en su totalidad, sólo se intuye.
En el Génesis, 28,12, está escrito: «… he aquí una escalera
apoyada en la tierra, y su extremo tocaba el cielo; y he aquí
ángeles de Dios que subían y descendían por ella»… Este subir
de la tierra y bajar del cielo se me presentó como una vía
doble y simultánea: al mismo tiempo que una forma de pen-
sar, clara y distinta, poco a poco se iba haciendo poesía, otra
forma de pensar, emocional, compleja, incierta, se volvía filo-
sofía. Ambas, aunque diferentes, se respondían, se entremez-
claban, unidas, como hermanos siameses, por un corazón
único, que latía en una zona donde el dolor era impensable.
La escalera de los ángeles no fue un consuelo para mí, fue
una tabla de salvación. No hay en este libro ni una sola
palabra que no me haya sido dictada por ese centro lumi-
noso que es la raíz o el fruto de nuestra sombra.
8
LA ESCALERA
DE LOS ÁNGELES
1 Todo es siempre, si no es siempre no es Todo. La parte
es efímera; si no es efímera no es parte. El Todo precede
a sus partes. Si no las precede es parte de las partes. Las par-
tes son acontecer, no ser. Lo que acontece es efímero, cam-
bia. El Todo no acontece ni cambia. Como es siempre, los
cambios y acontecimientos son ilusorios. Siendo el Todo algo
más que la suma de sus partes, por precederlas también es
menos que sus partes.
Mientras el pájaro del secreto nos canta en los oídos
buscamos palpando como ciegos el perfil de las palabras
queriendo hacer de su sentido piedras en nuestras manos
mas por no escucharlo hemos perdido el acceso al mundo
el Todo es algo más que la suma de sus
el Todo es incognoscible
A pafirmarse que es que es
· partes, se afirma también
11
para sus partes. Como todas ellas forman parte del Todo,
ninguna parte puede conocer la totalidad de otra parte.
Jardín cerrado el imperio centelleante del corazón.
Al interior del arcano el tesoro no sólo se conserva
sino que en el silencio del amor también fructifica.
Se captura al ave milagrosa renunciando a capturarla.
T
odas las cualidades pertenecen al Todo. Cualquier
cualidad que parte se atribuye termina por produ-
cir sufrimiento.
la
Y la cualidad esencial que la parte se atribuye es la de
creer ser parte. Las partes no son de sí mismas; son del Todo.
Cuando la parte se entrega al Todo cesa su sufrimiento.
Bajo una triple tiniebla quitamos con pasos furtivos
la mesa del festín olvidando al diamante incomparable:
la reverberación trágica y sublime de nuestra soledad.
Lo llamado visible es siempre lo invisible violado.
as partes son en el Todo, no en sí mismas. Cualquier
Las partes soon pertenece al
Todo
manifestación individual en el Todo,
y no al individuo. Las partes en el Todo son todas
12
semejantes: son el Todo. Al individuo, siendo ilusorio, na-
da le pertenece, ni siquiera su conciencia.
Si lo
que
oculta al Ser es aquello que lo revela,
para que el alma encuentre su rostro inmortal
debe cambiar las certezas por un camino inseguro.
Los ángeles siempre dan pero nunca toman nada.
U
n ser consciente es aquel que es consciente de sus lími-
tes. Al sentirse parte, aspira a disolverse en el Todo. La
conciencia es una disolución continua por aspiración a la to-
talidad. Un individuo no consciente es aquel que toma sus lí-
mites por el Todo. La inconciencia es una acumulación de
límites por deseo de afirmación de lo individual.
La autoridad jamás viene de nosotros mismos,
tiene que ser el Otro el que nos diga «Sé libre».
No se puede amar sino lo que se ama desde antes.
El origen cambia según los caprichos del Misterio.
C
ualquier parte depende del Todo. La causa de cual-
quier efecto es siempre el Todo. Pensar que hay cau-
13
sas más limitadas es una ilusión. Nada sucede a causa de
una sola acción… Ningún efecto es limitado. Todo efecto es
infinito porque se da en el Todo, es un aspecto del Todo.
Nunca hay una sola víctima. Nunca hay un solo culpable.
Es infantil esta manera de aferrarse a las piedras
como alígero rayo de luz clamando por raíces.
Ante la muerte, la última trampa es la avaricia
del Yo final que rehusa disolver su ojo-conciencia.
Cualquier ley, idea o concepto, por ser limitada expre-
sión de un Todo incognoscible, válida sólo para el
individuo o la sociedad que la pronuncia en un presente
dado, será, en un momento futuro, objeto de risa. Por frag-
mentario, el pensamiento humano presentado como
<<serio>> es cómico. Sabiduría es la búsqueda de lo risible en
un pensamiento que siempre, por ser ilusoria parte, está
condenado al error. La risa denuncia sus límites y aproxi-
ma este pensamiento a la totalidad. Cómico es aquello
que, siendo parte, es tomado como Todo.
Queremos permanecer para siempre de una manera absurda
dentro de los límites del ser que ni siquiera es nada,
pero el tiempo se divide en un infinito mar de ángeles
muriendo con sonrisas de cordero en las manos de Dios.
14
1 individuo no puede conocer el Todo, sólo puede
Econ po no c. Rerer el se
conocer parte del Todo. Pero esa parte es sólo una
aproximación, porque para conocerla tendría que relacio-
narla con el Todo y, no conociendo al Todo, le es imposi-
ble hacerlo con precisión. Sólo puede unir esa parte a un
Todo imaginario, «Mundo».
¿Qué provecho sacará el soñador si ha comprendido su sueño?
Vivimos en una pieza desnuda donde nuestros cuerpos se esfuman
esperando inútilmente un axioma que descorra una punta del velo.
El secreto no es más que el rostro de un viejo desconocido e indiferente.
No
o hay Mundo real. Para pensar, hay que establecer un
Mundo imaginario llamado Lenguaje.
Atados a un ciruelo, como si fuéramos cabras indómitas,
lo hemos sacudido hasta hacerle perder todos sus frutos.
Fuimos al Mundo en busca del milagro y sólo encontramos calles,
largas lenguas sedientas esperando una lluvia de almas.
E
1 Todo es lo único que es. El Mundo es una representa-
ción limitada del Todo por medio del lenguaje: una
parte. Cualquier concepto alude a la totalidad del lenguaje.
15
La totalidad del lenguaje es todos los lenguajes, muertos,
presentes o por nacer. Cada idioma, siendo sólo una repre-
sentación del Todo, crea acciones y reacciones que le son
propias, marcadas por sus limitaciones. El conocedor de un
solo idioma está separado del Todo y vive en el más limita-
do de los Mundos. El acercamiento al Todo comienza por el
aprendizaje de un segundo idioma. Sin embargo, para
entender un concepto habría que conocer la totalidad del
lenguaje, lo que implica un conocimiento infinito en una
conciencia eterna; cosa imposible porque los lenguajes del
pasado ignoto, tanto como los lenguajes del futuro remoto,
influyen en el contenido del concepto.
La vida eterna se anida en el fondo del profundo pozo del instante,
los
que gritan y no tocan la piel cuando acarician no son los que enseñan;
sólo la consciencia trasformada puede descubrir la unidad primera.
La huída de todas las prisiones es siempre un descenso en espiral.
1 Mundo es una visión subjetiva formada por aquellas
Ep
ente
posibilidades que elegimos entre infinitas otras posibi-
lidades. Sin embargo, las otras posibilidades son también
de naturaleza subjetiva. Esos Mundos que se nos presentan
tienen todos la coloración de nuestra subjetividad. Pode-
mos construir infinitas formas de Mundos, pero todos ellos
son sólo nuestros, no del otro individuo. Es como si pose-
yéramos una pecera con multitud de peces. Podemos ele-
16
gir el que deseamos pero no nos es permitido elegir otro
pez en otra pecera. Tenemos la libertad sólo de elegir en
un contexto que se nos impone.
Todo sonido, por horrendo que sea, es el canto de los ángeles.
Las formas que aparecen no son más que la divinidad mutilada.
El espíritu se abraza al deseo como un niño al pecho seco de su madre.
Ante la Muerte, sólo nos queda ser un loro que imita la Palabra Eterna.
n problema no tiene una sola solución sino infinitas
Un problem, no tiene una solene un
soluciones. Una palabra no tiene un solo significado
sino infinitos significados. Un símbolo no tiene una sola inter-
pretación, sino infinitas interpretaciones. Una pregunta no
tiene una sola respuesta sino infinitas respuestas. Un objeto no
puede observarse sólo desde un punto de vista sino desde infi-
nitos puntos de vista. No debe buscarse la imaginaria única
solución, única interpretación, única respuesta, único punto
de vista, sino que debe elegirse de entre las múltiples solucio-
nes, interpretaciones, respuestas, puntos de vista, aquel que es
el más útil en un sitio dado y en un momento dado.
Retiramos de nuestra memoria todo rayo de luz
para saborear la angustia de la oscuridad completa.
Olvidando nuestro cuerpo, ese viejo cadáver incinerado tantas veces,
desde el diamante de la calma contemplamos el milagroso movimiento.
17
N
inguna palabra es igual a sí misma. Cada vez que se
es ni
la repite adquiere un significado diferente, porque
quien la enuncia cada vez es diferente.
Los ancianos dan el primer impulso hacia la danza:
el flujo de la energía sigue irremediablemente
la caída de la potencia. Es posible considerar la vida
como un rito sagrado de la demencia precoz.
or pertenecer todas al Todo, las palabras no pueden con-
Por pertenecer todas al Todo, conuadicción es aparente.
Destrozando un reloj es fácil determinar dónde comienza
la plena oscuridad: cuando el niño decide unirse
al significado exclusivista de la causa y considera
al mundo como una tornasolada imbecilidad afectiva.
a palabra es siempre una representación, solamente
La que se petre
un guía que trata de ser fija en un Mundo que se per-
cibe multivalente, ambiguo, en constante transformación.
Sin embargo, si la palabra no es el Mundo, forma parte de
él. Sin palabras, el Mundo, parcelación imaginaria del To-
18
do, se esfuma. Siendo la palabra una interpretación aproxi-
mativa del Todo, la existencia individual es sólo una ilusión.
Otro de los grandes errores del psicoanálisis reside
en que no vacila en encaminar hacia la luz
a todos los ciegos. En realidad ellos deben salir del vientre
ayudados por el ave en que han convertido a sus lenguas.
a palabra, porque le es imposible decirlo todo, se da
La se
en un contexto de silencios. Los silencios de una pala-
bra son más significativos que su expresión. El Mundo,
mucho más de lo que acaece, es también lo que no acaece.
Porque el hombre es lo que come está obligado a comerse a sí mismo.
Caímos de la indescifrable trama del sueño a una ciudad de taxis y hoteles.
Pero absolutamente todo lo llamado realidad también es algo que se sueña;
sin embargo el alma es una flor nocturna que se abre una sola vez en la vida.
or surgir de contextos limitados, las ideas no son ver-
Por lacion es y
dades sino creencias. Toda afirmación es creencia y
no certeza.
19
Después de un largo viaje a través de los días y las noches,
algunos seres tenaces logran llegar hasta sí mismos
para vivir aquello que es y no lo que el tiempo promete,
aceptando en el fatal presente el digno goce del pan compartido.
E
n un mundo aislado del Todo, los sentimientos son
reacciones no a lo real, sino a una interpretación de lo
real. Cada sentimiento es precedido por un punto de vista.
Los deseos no tienen objetos reales, sino objetos imaginarios.
Inventamos un personaje ideal que posamos como meta,
y nos agitamos toda la vida por convertirnos en su guante.
Acordando a este supuesto arquetipo la virtud de informar
nos perdemos en un bosque de ventanas sin fondo.
L
as palabras tienen múltiples significados que van de lo
particular a lo general, de lo evidente a lo inhabitual. Es
necesario considerar cada palabra como un conjunto de signi-
ficados. Estos significados adquieren mayor o menor impor-
tancia según el sistema cultural de quien emplea las palabras.
Es un pulpo altivo el divino ideal que nos controla y nos ata,
dirigiendo desde un Olimpo eterno nuestra efímera vida,
20
convirtiendo la voz del corazón en un santo de yeso
mientras el hada del instante vaga con las semillas del alma
pudriéndose en sus manos.
o hay pensamientos impersonales. Todo pensamien-
Nto está marcado por un lugar, por una época y por la
personalidad de quien lo enuncia. La cosa de que se habla
depende de quién habla, cuándo habla y dónde habla.
Esa cadena larga que nos van acortando
hasta convertirla en un anillo viudo
nos retiene como una cárcel simbólica,
atados para siempre al Autor ausente.
To hay preguntas insignificantes. Las preguntas super-
N
ficiales o las profundas, las inteligentes o las necias tie-
nen igual importancia: puesto que las respuestas a una sola
pregunta son infinitas, el valor de esta pregunta dependerá
no de su calidad sino de la calidad de la respuesta.
Nos acercamos poco a poco a la última verdad
con miedo de que devore nuestro yo imaginario.
Nos cerramos ante ella como un abanico de cera
mientras el amor infinito pasa a nuestro lado con la celeridad de un balazo.
21
E
l otro es siempre una construcción del Yo. Sin embargo,
el Yo es siempre una construcción de los otros.
Para salir del laberinto, el monstruo debe devorarse a sí mismo,
sin pavor dejándose tragar por el corazón de la sombra,
rajar su piel de bestia para surgir como una luz sin nombre
porque todo ángel nace de un demonio que asciende.
P
ara percibir tenemos que percibirnos percibiendo. Si
no nos percibimos percibiendo no percibimos. Cada
función necesita otra función que la perciba, pero quien
nos percibe percibiendo no es el que percibe. Conciencia
es la función que percibe la totalidad de las funciones sin
percibirse a ella misma. Pero al no percibirse a ella misma
no es Conciencia.
Al nacer el alba, por el despertar de los otros los vigías se alegran.
Ellos saben que en la absoluta pérdida crece el árbol del cosmos.
Veneran la noche moribunda sin aferrarse a su sombra.
Celebran con rostros de virgen madre la aparición de la luz.
inguna totalidad humana es aceptable porque el
Todo no se puede percibir a sí mismo. El
N a tot a sí perci
que perci-
22
be no es lo percibido: esa dualidad es inconcebible como
Todo. La Conciencia no puede ser humana.
¡Ah qué difícil, alma mía, es el camino hacia tu fuente!
Ahí estás tú en el futuro a un segundo de distancia,
siempre a punto de ser en tu inconmensurable abismo
pero no estando nunca al alcance de mis manos.
n un Todo eterno e infinito, el individuo no puede afir-
E marquees. que
mar que es. Puede creer que está siendo cuando sien-
te que está siendo, sin que esto otorgue a ese estar siendo
individual alguna realidad.
La lucidez de los ángeles puede parecernos cruel;
ante el resplandor de sus ojos los egos se desmoronan.
Separando los huesos de la médula, el rostro de su máscara,
fijan en el pantano indeciso un punto de cristal inamovible.
C
uando se piensa no se sabe. Se piensa para comprender.
irtisano
Se debe continuar pensando aunque no se comprenda
lo que se piense. Como todo pensamiento es fragmentario, la
abundancia de pensamiento acerca al saber del Todo.
23
El peregrino viaja para encontrar a quien lo sueña.
La Tierra Prometida nunca revela de antemano su secreto.
En el fondo, el efecto es anterior a la causa.
El origen del mundo se encuentra en el futuro.
L
as antinomias (bien-mal, belleza-fealdad, verdad-
mentira, etc.) son ilusorios fragmentos que se unen
armoniosamente en el Todo.
Todo concepto es doble, compuesto de la palabra enun-
ciada y un concepto contrario no pronunciado. Afirmar
algo es afirmar también la existencia de su contrario.
Cada vez que emitimos un concepto debemos pensar
además «<en relación con…» y agregar otro concepto. Por
ejemplo: Pequeño, en relación con (algo más grande).
Grande, en relación con (algo más pequeño). Feo, en rela-
ción con (algo más bello), etc. Fuera de la relación, el con-
cepto no tiene sentido, no puede ser.
Atraídos por el misterio, hay un momento de profunda
sospecha hacia el hombre del espejo que nos mira.
¿Qué otra cosa nos queda sino reírnos frente al espectáculo
de la impotencia resignada?
El orgasmo es una forma de placidez nada sublime que nos
hace creer en la disolución de los límites carnales;
sin embargo, el agua cada día petrifica más nuestro reflejo.
Somos como el sueño que nadie ha querido soñar nunca.
24
o debe definirse al individuo por sus acciones, sino
No
definir las acciones que el individuo hizo. No «es un
tonto» sino «hizo tonterías». No «es un ladrón» sino «se
apoderó de lo ajeno». Si se define al individuo por sus
acciones se le limita, se le separa del Todo. Ningún indivi-
duo puede ser definido por otro individuo, tampoco nadie
puede definirse a sí mismo. Cada individuo es una manife-
stación efímera del Todo. El individuo es mortal, el Todo
es eterno. La muerte es una ilusión individual.
Guiados por el presentimiento de lo
que
debe siempre ser,
aceptamos la aventura de marchar delante nosotros mismos.
Eliminando el suicidio, que es un rechazo testarudo al cambio,
ceñimos la corona de la inocencia en la cabeza de los ancianos crueles.
T
oda generalización es ilusoria. Los acontecimientos
no son nunca similares.
Cuando tenían que dar, retuvieron;
cuando necesitaban confiar, se acorazaron;
en lugar de entregarse al aire, acumularon;
perdieron la luz por inventar las llaves.
25
Cua
uando se pone a otro como ejemplo, siempre el que
lo cita emite una concepción personal. Para cada
individuo, el otro es un otro diferente.
¡Ah, todas esas bestias tenebrosas que acechan en las orillas del camino
esperando que miremos hacia atrás para apoderarse de nuestros pasos
y
devorarnos lo presente hasta dejar tan sólo una carga de recuerdos!
La memoria es una Medusa que nos convierte en ancianos de piedra.
L
as acciones no son fáciles ni difíciles, dependen de la
pericia del que las ejecuta. Las cosas no son caras ni
baratas, dependen de la riqueza del comprador. Los seres
no son bellos ni feos, dependen del gusto del que los mira.
Las cosas y los hechos no tienen cualidades. Las cuali-
dades las otorga el espectador. El significado es siempre
subjetivo. No se ama al otro porque es perfecto, se le cree
perfecto porque se le ama.
Siendo imposible captar la totalidad del otro, es por lo
mismo imposible juzgarlo. No decir «Me dañó», sino «Fui
vulnerable a su acto». No decir «Me lo explicó mal», sino
<<No entendí lo que me dijo».
La positividad o la negatividad de un acontecimiento no
pertenecen a este hecho: son sólo interpretaciones sub-
jetivas. Por deferencia a la vida social, es preferible buscar
siempre la interpretación positiva.
26
El hombre muere innumerables veces en su vida.
Avanza a traves de los días dejando una huella de difuntos.
Dentro del ser, como en una muñeca rusa, hay infinidad de seres.
Sólo la concienca impersonal permanece idéntica, atravesando
las múltiples mutaciones del alma como el hilo de un collar de perlas.
S
iendo el Todo ilimitado, es ilusorio definirlo por al-
gún hecho limitado. En lugar de decir «El mundo es
violento»> decir «Hay violencia en el mundo».
¿Quién puede decir Yo? El hombre que se piensa
es una nube bajo la acción del viento;
su falsa tabla de salvación es el nombre
que lo ubica frente los confusos otros.
Los diversos Yo se suceden, se entrelazan, se cabalgan,
se oponen, se afirman, se desmienten.
La personalidad ha sido siempre un compromiso
entre un hombre y un cadáver.
Na
ada se encuentra en la parte que no haya estado
contenido en el Todo. No hay ninguna posibilidad
para la parte de «crear». Sólo puede, ilusoriamente, «trans-
formar».
27
Como el hombre no sabe dónde ubicar su trasparencia, trata de negarla
sin buscar la soledad del corazón para establecerse en la paz interior,
no creando fuerzas nuevas sino despertando la que allí duerme.
Gracias al conocimiento de esta luz, convertirse en su propio curandero.
s imposible afirmar «Todo es difícil». Si cada concep-
E to se define por su contrario, tras differ
por su contrario, tras «difícil» hay «fácil».
Tampoco es posible afirmar «Para mí todo es difícil», lo
correcto es «Casi todo se me hace difícil». Pero si un no-
venta y nueve por ciento es considerado difícil, no se
puede excluir la facilidad del uno por ciento restante. El
uno por ciento positivo se hace más digno de definir la
totalidad que el restante noventa y nueve por ciento nega-
tivo. Esa mínima facilidad redime al todo.
Sin límites ni finalidad, un muerto habitado por mil diosas
que necesitan mi carne tanto como yo las necesito a ellas,
busco mi verdadero rostro en el corazón de los otros,
allí donde, entre los latidos y la sangre, relumbra un espejo.
i se acepta que el Todo es infinito, ningún orden es real.
S ser no
Sólo puede ser ordenado aquello que no cambia, que
28
tiene límites precisos. Se puede buscar la utilidad momentá-
nea de un orden pero no su veracidad. Lo que se llama rea-
lidad es siempre un Mundo, una representación que puede
ordenarse de infinitas formas.
¿Quién se atreve a alimentar a la Bestia que, reptando hacia arriba,
busca el alimento olvidado?
¿Cómo encontrar al severo maestro invisible que ha de guiarnos
hacia nuestro lugar de origen?
Basta una barca, un pozo, un puente, unas alas de hueso
para llegar a la extraña orilla?
Incapaces de conocerse a sí mismos, los ángeles comunican
una luz que no les pertenece.
L
a exactitud y la precisión, en una realidad en constan-
te cambio, son dos obstáculos a la comprensión. Por el
contrario, la exageración consciente es siempre útil. La
exactitud y la precisión alejan de la verdad, la exageración
acerca. La imprecisión también.
Nuestro error es aceptar injertos múltiples y mutilarnos por imitación;
nos es imposible actuar de acuerdo a nosotros mismos porque nos ignoramos.
Ignorando nuestra ignorancia, no tratamos de sobrepasar los límites;
¿pero quién puede invertir la corriente de un rio? La dimensión mágica
surge en nosotros como una herida.
29
29
Lel que
os pensamientos personales, «míos», sólo valen para
los enuncia. Los pensamientos impersonales,
<<suyos», valen para todos. Mis pensamientos no son míos,
son suyos, del Todo.
Cuando su grito no es más que el eco de aquel que surge de su propia sombra
-resonancia sublime del Verbo primero que actúa como un secuestrador
de aquello que no es esencial, dejando sólo la contemplación de la belleza-
el alma puede entonces responder a la llamada que antes era incapaz
de comprender.
E es
s imposible conocer la totalidad de lo que acontece.
Pensar es al mismo tiempo «dejar de lado», excluir.
Expresarse como si se enseñara «la totalidad» es fraude o
vanidad.
El sabio elige su ignorancia con el mismo cuidado con
que elige su conocimiento. Ignorancia negativa es la que le
es impuesta, ignorancia positiva es aquella que él elige. Si
<<cuando el tonto no sabe, no sabe que no sabe, y el sabio
cuando no sabe, sabe que no sabe», el sabio cuando sabe,
sabe que sabe… y el tonto cuando sabe, no sabe que sabe.
Vivimos en los extramuros de la realidad buscando
una ciudad con las calles pavimentadas de caramelos.
La nostalgia de un paraíso perdido es proclamada por cada
latido del corazón quedado niño.
30
Ante la belleza repentina el fin de nosotros mismos
nos parece el fin del universo.
Sólo miedo nos produce la llegada
del fantasma adulto que habita en el futuro.
uando se ha opinando sobre un acontecimiento se
Ca
puede más tarde cambiar de opinión. Las opiniones
no son el acontecimiento: él no puede cambiar, ellas sí, en
la medida en que el que opina es un ser que se transforma.
Nunca cambiar de opinión es tontera o terquedad.
Poseyendo la ilusión del corazón pero no sus latidos nos
hundimos en un espejo que se consume en luz como una vela.
Ante la mirada del otro podemos darnos la ilusión de ser pero en la soledad
el yo se esfuma y aparece el ente absoluto como una quemadura.
Patéticos nos encontramos sin patria, sin techo, amputados
de las palabras que formaban nuestra alma ortopédica.
En esta inmensidad interior, lo invisible nos parece más real que lo visible
y el tiempo menos posible que la eternidad.
ada una de las partes pertenece al mismo Todo; por eso
Ca una al ; eso
dos cosas observadas juntas, aunque parezcan ser abso-
lutamente diferentes, tienen puntos en común. Ante cual-
31
quier conjunto de acontecimientos se debe siempre encon-
trar entre ellos el mayor número de puntos en común.
Cualquier materia, aunque ordinaria, espera su transfiguración,
mas como una muerte lenta va llegando al tiempo y después olvida,
bien que si se proyecta sobre ella un rayo luminoso se hace espejo.
Así nosotros, al ser lo que somos, es decir vacío, existimos en todo.
P
ara nuestro punto de vista limitado, el Mundo no tiene
orden, o tiene un orden secreto que quizá nunca podre-
mos comprender. Quien da un orden al Mundo y piensa que
ese orden es perfecto, comete un error. El estudio de un acon-
tecimiento puede comenzarse por cualquiera de sus partes.
Todos los caminos del hombre libre lo llevan al cuarto tesoro
-que primero es oscuro, penumbroso, claro y por fin iluminado-
y allí, en el centro de ese espacio vano, descubre la fuente de la vida;
el yo ilusorio es reemplazado por aquel que no tiene sed de existir
ni deseos de muerte, parecido a un pez de piedra en el oceáno fugaz.
N
adie puede calcular completamente las consecuen-
cias de un acto. Cualquier acto, por insignificante
que parezca, influye en la totalidad del Mundo.
32
Cuando el hombre retira sus pies de la tierra y sus manos de otras manos,
por fin sus sentidos pueden percibir el fulgor de la realidad develada,
pero cuanto más avanza más siente la impresión de alejarse su meta;
doloroso, se da cuenta de que sólo puede entrever la belleza pero nunca abrazarla.
ada individuo tiene, por su diferente y particular for-
Cada
mación, un lenguaje distinto. Parecido al de los otros,
pero no similar. Es imposible que un individuo maneje la
totalidad del lenguaje. Cada vez que el individuo piensa,
no puede comprender totalmente a los otros, ni compren-
der al Mundo, ni comprenderse a sí mismo. Los conceptos
son <<aproximaciones».
Cuando la luz no viene del íntimo centro otorga a la sombra
contornos inquietantes;
aquel niño cobarde que vive en la superficie de sí mismo,
nunca ha encontrado el mundo,
su vanidoso deseo de poder dar lo coloca ante la angustia
irremediable de expresar el misterio,
pero por querer abarcar sólo un puñado, toda la arena
del desierto se le escurre entre los dedos.
33
T
oda enseñanza puede ser afirmada o contradicha por
un mismo hecho. Las enseñanzas no se extraen de
hechos sino de interpretaciones de hechos.
Al exteriorizar el vacío interno lo traducimos en discursos vacuos
donde quedamos atrapados como moscas en una telaraña.
Por despojar al instante de todo amarre con su propia trascendencia
vamos demoliendo la vida misma refugiados en la ironía,
pero cuando realizamos el conocimiento del alma, en la densidad
de nuestra carne se instala una sutil transparencia.
Abandonando definitivamente las palabras, situados en la plenitud
de la armonía, recibimos la revelación del silencio.
N
o existen ideas separadas del contexto. Si se intenta
aislar una idea de su contexto, para comprenderla
hay que injertarla en otro contexto.
Toda definición de un contexto particular, si bien nece-
saria, es arbitraria. El contexto, para cualquier idea, es el
Todo, desde el comienzo hasta el fin de los tiempos.
No hay tradiciones impersonales y aisladas de su contex-
to que por ese motivo deban ser consideradas leyes gene-
rales. Toda enseñanza anónima es también una opinión
personal y pertenece a un contexto, aunque éste sea des-
conocido.
34
Conocerse a sí mismo es la única aventura que merece ser tentada;
cuando cesamos de pedir que nos den alas podemos salir del nido.
En su ascensión hacia lo divino el vuelo es siempre miserable
porque la ilusoria esencia del ser es una acumulación de límites.
L
os testimonios, a pesar de su importancia, son siempre
interpretaciones personales de un hecho y, por eso
mismo, no debe dárseles calidad de prueba absoluta.
Nada de lo que ha sido dicho puede constituir la prue-
ba de un hecho.
Hasta los gusanos poseen en su interior una flor de oro.
La vida sigue fiel al grito primero en su intento por volver al origen;
en la fosca verdad de hoy, la crisálida muere para abrirse a la luz.
Por abandonos sucesivos alcanzamos un nacimiento en el futuro.
P
ara recorrer un círculo se puede comenzar por cual-
quiera de sus puntos. Un conjunto no tiene comienzo
ni tiene fin. «Comienzo» y «fin» son dos conceptos ilusorios.
Convirtiendo cada límite en un haz de infinitos,
el instante se comporta como un péndulo loco.
35
Pasando entre la buena razón y el pavor a lo desconocido,
el viaje hacia la luz excluye toda piedad por uno mismo.
A
1 ser lo que realmente es, la
parte ya no es parte, desa-
parece. La parte es una aproximación al Todo indefi-
nible. Mientras más se aproxima a lo que ella es, más inexi-
stente se hace.
Prisionero en la ignorancia de sí mismo, a pesar de vagar
se siente encadenado.
Abatido por la dualidad que lo desgarra quiere comparar
para luego oponer.
Sin saberse amar ignora la profunda pasión que conjunta
a los contrarios.
Siendo el dolor un estado pasajero, comete el error fundamental
de dejarlo instalarse para siempre.
bsolutamente todo lo que se produce en el Todo tiene
A una siamección. Si do to producido parte aparente,
una Siendo lo producido
su única realidad es esa significación que el lenguaje no
puede definir por impreciso. La única manera de captar esa
significación es por el sentimiento.
36
Cuando el velo que cubre la verdad logra transformarse en espejo,
el alma se hace transparente. Mirando al hombre, Dios se ve a sí mismo.
El ojo del uno y el ojo del otro no se miran, juntos miran,
una sola visión, un solo amor.
Nada vive separado, todo surge del misterio de la unidad
realizada en la simultaneidad de los contrarios.
Cua
ualquier idea es exacta si corresponde a su contexto.
Una idea deja de ser exacta cuando se la enuncia en
un contexto ajeno. El diálogo se equilibra adecuando pri-
mero los contextos y luego las ideas.
El ego es un bulbo hecho de caparazones en cuyo centro
yace el alma dormida.
En la medida en que nos desprendemos de ellas,
surgen los antiguos dolores,
pero la sensibilidad que permite la comunión
nos fortalece al hacernos vulnerables.
Ante el horror del mundo, la apatía es sólo válida
si nos conduce a la compasión.
1 valor de un enunciado depende del uso que se haga
E deel. Las palabras sin hechos no deben juzgarse como
de él. Las palabras sin hechos no deben juzgarse como
verdades.
37
Un sabio puede obtener lecciones de un enunciado por
absurdo que el enunciado sea. Los hechos del sabio otorgan
sabiduría a las palabras, pero las palabras no son sabias ni tie-
nen cualidades. Las cualidades las tiene quien las pronuncia.
No hay que
eliminar al ego sino domarlo;
él es la escalera que permite subir al cielo,
pero si se convierte en guiador, nos pierde;
es el alma la que debe indicarle el camino.
C
ualquier enunciado es mucho más simple que las
intenciones de quien lo enuncia. Las intenciones son
siempre la voluntad del Todo. No hay intenciones persona-
les. Cuando parecen serlo, indican enfermedad de quien
se las apropia.
Entre la plenitud y el vacío se oculta aquello que llamamos Dios.
No sabemos lo que es pero sí sentimos que en nuestro corazón es.
Regresando a la relacion con Su misterio, nos liberamos
del peso de la historia.
Dejando de buscar la autoridad suprema, nos convertimos
en un fiel de balanza estrictamente inmóvil.
38
ara adoptar una conclusión es preciso examinar los
Panunciados bajo el mayor número de puntos de vista.
Luego, elegir las interpretaciones que más convengan. Y
después, extraer las conclusiones de la comparación de
las interpretaciones que se han elegido desdeñando otras.
Toda conclusión es provisoria y se aplica solamente a un
momento, a un sitio y a un sujeto limitado, porque ha sido
adoptada de enunciados interpretados desde puntos de
vista condenados a ser limitados.
El corazón puede abrirse como una catedral ardiente
y de su larga herida surgir una mariposa de seda,
arco iris zigzagueante atravesando la muerte
con el vuelo sereno de una impalpable fiera.
Las ideas que surgen de un contexto son exactas en
ese contexto. Cuando se extrae una idea de un con-
texto y se la injerta en otro, se establece un discurso artifi-
cial que provoca actos inútiles.
Si alguien tiene una idea que es exacta en su propio
contexto, no debe cometer el error de creer que su con-
texto es el de todos los demás individuos y, por lo tanto,
exigir que ellos adopten su idea. Tampoco debe cometer
el error, si encuentra en otro una idea que le conviene, de
creer que es producto de su propio contexto.
39
El Dios que no conoce pero del que no ha cesado de hablar
lo lleva en sí mismo como una semilla que, fiel a las leyes de su germinación,
adquiere un parecido perfecto con el albor de su propia naturaleza.
Imagen de su imagen es un espejo al parecer vacío porque refleja lo invisible.
L
a experiencia del Todo cesa en el momento que es
expresada por el lenguaje.
Si para tener una imagen humana necesitamos una imagen divina,
¿cómo puede estar al alcance de nuestros límites?
Si el hombre es poco humano y humano es Dios, ¿cómo pueden
nuestros sentidos captar el centro silencioso del círculo invisible?
Lo inmanifestado exige que lo manifestemos en nosotros mismos,
pero si se nos oculta la meta, ¿cómo podemos elaborar un camino?
Sólo acallando el vampiro de la razón lograremos avanzar
por la selva negra para entrar en la catedral secreta del alma.
Una
na idea se hace útil cuando es exacta en más de un
contexto. La idea perfecta es aquella que es exacta en
todos los contextos. Pero como los contextos son infinitos,
esta idea perfecta es imposible. Por ello, cualquier idea
aparentemente exacta o útil, guarda en ella la posibilidad
de inexactitud y daño.
40
No quiere ser un rey ni un amigo personal de Dios.
Llevando en sí el caos, sólo quiere nacer otra vez
desechando la tentación de petrificar el tiempo
para ser un hombre en transfiguración constante. (El Todo es siempre
y no puede modificarse. La parte no es jamás pero no cesa de nacer.)
E
1 contexto en sí mismo es ilusión. El contexto adquie-
chrismorous.
re significado real en el Todo.
El contexto parece estar más cerca del Todo que la idea.
Pero en realidad todo está a igual distancia del Todo. Más
aún: entre la parte y el Todo no hay distancia.
A veces, la transfiguración solamente es lograda por los muertos,
la llama interior pena cubierta por la opacidad de las apariencias.
Pero cuando, propulsado hacia su propia perfección, lo oculto es aclarado,
el sujeto conocedor abandona su oscuro día para penetrar
en la esplendente luz de la noche.
ado
el Todo es infinito, cualquier afirmación, por li-
que es
mitada que sea, en algún aspecto participa de la totali-
dad. Responder «No» a una afirmación es un error. Nada pue-
de ser negado en su totalidad. Es mejor decir «Es posible, pero
desde otro punto de vista se puede enunciar lo contrario».
41
El sufrimiento es proporcional a la cantidad de nuestras amarras.
A mayor fuego purificador, mayor pureza de la mariposa de oro.
Se debe quemar el mundo ilusivo surgido de la razón y del método.
Cuando cesamos de comparar la luz a la luz comenzamos a liberarnos.
E
1 Todo, por el hecho de serlo, es una unidad indivisible.
Si en él la parte es ilusoria, la partícula primera, la más
pequeña, será también ilusoria. No se puede hablar de «tra-
yecto» puesto que no hay verdadera partícula que se mueva
de un punto a otro, siendo un punto inconcebible en el
Todo. La partícula primera es en todo momento una acción
del Todo, considerando que esta acción es sólo un cambio
aparente en la realidad imaginaria del observador. La iluso-
ria partícula parece moverse cuando en realidad es el Todo
que actúa en sí. De este hecho, una posibilidad es siempre el
total de las posibilidades. Un camino es todos los caminos.
En el camino que conduce al Origen, para el cazador
sagrado todas las huellas se mezclan;
oprimido por un intolerable sentimiento de lo absurdo,
la vida le parece breve,
sin embargo el fracaso del ideal no le quita esa serenidad
que resta cuando todo pasa.
El horror de vivir es un desafio que lo obliga a capturar
al dios azul que habita en el instante.
42
E
1 ser del individuo es el Todo incognoscible. Cuando el
individuo habla de su ser individual habla de una repre-
sentación. El ser individual no pertenece a lo real, pertenece
al Mundo, que es una representación ilusoria de lo real.
Aunque ilusoria, por ser del Todo, hay en la parte algo
de real. El concepto es un producto combinado de lo que
existe más allá de la parte y del mecanismo de observación
de la parte misma.
El hombre, convencido de que las cosas perduran, no vive en el mundo
sino en la imaginación.
Rechazando todas las creencias, la conciencia indiferente se disuelve
en la felicidad de lo intangible.
Espejo que devora sus imágenes, aquel corazón vacío hace suyas
las cualidades de lo amado.
En medio de la ilusión del yo personal mora un ancestro eterno
que no es destruido cuando el cuerpo se pudre.
N
adie puede decir la verdad, sólo puede decir su
representación de la verdad.
Cada aparente
aparente verdad
provoca una cadena de verdades
secundarias que, a medida que se alejan de la primera,
pierden claridad. Para comprenderlas hay que remontarse
hasta la fundadora de la cadena. Esta verdad primera no
debe ser confundida con lo real: es sólo una representa-
43
ción elegida entre las múltiples representaciones posibles
de lo real. Basta negar la autoridad de la primera verdad
para que toda la cadena de verdades secundarias pierda
significado. El Mundo está constituido de una minoría de
verdades primeras y de una inmensa mayoría de verdades
secundarias.
Ante el viento que sopla eternamente, nos basta cortar
las amarras y desplegar las velas.
Renunciando a establecer una meta seremos impulsados
hacia el puerto de la liberación.
Sin origen, esa fuerza que nos mueve no podemos situarla
ni encadenarla a un antecedente.
Es como la asombrosa visitación de un ángel que llega
a proponernos ser madre de la luz.
A
unque el Todo sea real y las partes lo ilusorio, de
alguna manera lo ilusorio está conectado con lo real,
porque las partes, siendo disfraz, van cambiando según los
impulsos del Todo. La parte ilusoria que cree tener forma
y contenido individual se siente ser separada del Todo. Se
piensa propietaria de sí misma. Su ilusión tiene conexión
con lo real hasta el momento en que ella misma comienza
a inventarse, como si un personaje soñado, a su vez dentro
del sueño, soñara a otro personaje. El sueño de lo real pro-
44
duce lo ilusorio. El sueño de lo ilusorio produce lo mon-
struoso. La parte que se inventa a sí misma actúa como un
monstruo en el contexto. La acción de la parte en su con-
texto es válida sólo si actúa libre de fingimientos, expresán-
dose tal como cree pensar o sentir.
Al personaje ficticio que se imagina espectador
de un mundo que de ninguna manera es real
todo razonamiento lo conduce a adoptar una posición
que ofrece una sola perspectiva.
Cediendo a la tentación de multiplicar los puntos de vista,
permanece en su propia periferia sumando ilusiones
pero cayendo de la multiplicidad de la vigilia al sueño
sin sueños, por fin el universo y la persona se hacen unidad.
E
n un Todo infinito, incognoscible, es imposible esta-
no es ni male en
blecer una ley moral. Lo real no es bueno ni malo en
sí, ni útil ni inútil, ni bello ni feo, ni ninguna otra cualidad.
La unidad no puede tener cualidades ni ser definida por
una parte que no la comprende por no poderla contener.
El Todo es todas las partes pero todas las partes no son
el Todo.
Nuestras acciones crean obstáculos que nos convencen
de que la libertad última es el abandono de toda acción,
pero cesar de actuar es también una acción. El sabio sabe que
nada parte de sí mismo,
45
comprende que, en cada uno de sus más pequeños gestos,
es el Cosmos quien actúa.
Viendo caer las flores del cerezo, impide que su intelecto
rechace el éxtasis tratando de diferenciar lo que no es distinto.
a vida de la parte no tiene sentido en lo real. El sentido de
La parte está en la relación con las otras partes.
la vida de una parte está en la relación con las otras partes.
Es insensato aplicar una escala de valores a una existencia
que no podemos percibir.
Pasamos la vida entera oponiendo el majestuoso cuello
del cisne a sus patas agrestes,
pero nuestra visión, velada por antiguos prejuicios, nunca
toma en cuenta el secreto del ave.
Cuando se derrumba nuestra estructura mental, comprendemos
que jamás alguien podría despedazar el cuerpo de Osiris.
L
a parte ilusoria, para ser real, necesita no ser lo que fue
y ser lo que será. El ser de la parte sólo puede ser futuro.
Si el Mundo ilusorio es Pasado y lo real es Futuro, el
Mundo es necesario para lo real, quizá como una forma de
memoria. Si es así, el individuo presente parece existir sólo
porque es recordado.
Todo lo que será ya es y todo lo que es ya fue. Las par-
tes son siempre pasado.
46
No hay presente ni futuro. El tiempo tiene una sola
dimensión: el pasado. El individuo vive en la memoria. El
Mundo es el Todo que recuerda.
Sólo nos interesan los nombres y las formas que
constantemente se modifican,
dándonos la gula de vivir con su ilusión de ser innumerables
espectáculos.
Sin cesar, rechazamos el eximio secreto: «Nunca nos hemos
dormido. Nunca nos hemos despertado».
Si recuperamos la memoria que no nace y que no muere,
perecen desde Dios hasta el ínfimo gusano.
1 individuo que confunde pensar con creer enuncia
E conclusiones de aparentes razonamientos para luego,
íntimamente, buscar los pensamientos que pueden condu-
cir a esas conclusiones. La Verdad para él es a priori, segui-
da a posteriori por la búsqueda de esa Verdad.
En su rostro vacío arde la lámpara invisible que es el origen
de todas las felicidades y de todos los conflictos;
(el que se consideraba espectador era en realidad el espectáculo)
pero el poder de la ilusión es tal que lo amarra a aquello que perece.
Cien mil vasos de arcilla son espejismos de un solo puñado de tierra.
47
L
o que desaparece sigue formando parte del Todo. Lo
que nacerá ya forma parte del Todo. Lo que aún no ha
sido descubierto está ahí tanto como lo ya descubierto. Lo
que no se sabe forma parte de la sabiduría tanto como lo que
se sabe. Lo que no se hizo es tan importante como lo que se
hizo. Lo que puede hacerse forma parte de lo que se está ha-
ciendo. Lo que fue y lo que no fue, lo que es y
lo
y lo que no es,
que será y lo que no será constituyen por igual el Mundo.
El tesoro se crea a medida que cavamos en su búsqueda.
Aquellas onzas de oro se encuentran fuera de lo tangible.
Existen cuando están ausentes. Al aparecer, son ilusiones.
Abandonando los deseos, abrimos la puerta a una riqueza
que no tiene límites.
L
o que la parte no es, es tan parte como lo que la parte es. Lo
otro es parte de la parte. La parte es también las otras partes.
Antes de «nacer» fuimos algo. Después de «morir»
seremos algo. Preguntar ¿qué? es como querer asir una sombra.
Lo eterno y lo efímero se amalgaman en aquello
que es ajeno a la idea de duración.
La conciencia sin contenido realiza la inmutable causa de
todas las estrellas fugaces.
Si la atención se fija en los reflejos de la superficie
no percibe la profundidad del lago.
48
E
1 Mundo está determinado tanto por lo que ha aconte-
cido, lo que ha sido hecho, como por lo que ha sido
impedido, lo que no se ha hecho. Como en las infinitas posi-
bilidades de hacer se elige siempre una, la vasta extensión
de posibilidades no realizadas determina mayormente el
Mundo. El Mundo está determinado principalmente por lo
que no se ha hecho.
Todo objeto aquí percibido es irreal si no se ve
antes de su creación y después de su destrucción.
No se descubre al Ser reemplazando una forma por otra.
Aquello que sobrepasa el pensamiento jamás adquiere contornos.
Los mortales aspiran a la eternidad pero lo eterno
no puede hallarse en ellos porque no tienen Ser.
Si la inteligencia no le enseña al hombre
que él es el padre de todas las piedras, ¿para qué sirve?
S
i una parte fuera idéntica en todos sus aspectos a otra
parte, no habría dos partes. Las dos partes idénticas se
fundirían en una parte. Para que haya parte,
que haya parte, ésta tiene que
poseer una diferencia, diferencia que no puede repetirse
en ninguna de las otras partes. El ser de una parte consiste
en su diferencia de las otras partes. La realización de la
parte nunca es en la igualdad sino en la diferencia. Para
que la parte fuera tendría que ser diferente del Todo. Pero
como aquello es imposible, la parte no es. Las cualidades
49
de una parte como olor, sonoridad, color, peso, sabor, bon-
dad, belleza, fuerza, rapidez, etc., son ilusiones.
Sabiendo que no perdura, que no vale, que es pura imagen,
precisamente por lo falso hemos de ver el mundo como una joya.
Si todo es ilusión, elijamos la más bella, porque la irrealidad
esplendente del espejismo es irrealidad verdadera.
La flor fugaz exhala un perfume que permanece para siempre,
porque, emanando de ella, no viene de ella.
En primavera, el grito de la perdiz surge de una estrella
que gira como un faro en el centro del universo.
L
a parte, en la imposibilidad de conocerse totalmente
en total nacelle totalment
(porque el conocimiento total de sí la llevaría a ser el
Todo; y el Todo, no dual, no puede conocerse a sí mismo),
para encontrar su diferencia está obligada a sentirse <<dife-
rente de las otras partes». Para esto, debe olvidarse de sí
misma y aceptar la existencia de lo otro en tanto que abso-
luto otro, algo que no tiene unión con ella. Pero la míni-
ma existencia de la parte implica unión, por lo tanto,
semejanza. La única diferencia posible para la parte es la
no existencia en sí, lo que produce la existencia total de lo
otro. «Soy diferente porque en mí tú existes y no yo.» La
conciencia de la existencia de lo otro otorga a la parte la
diferencia, que es su única posibilidad de ser.
50
Lo más terrible no está en los dolores ni en el sufrimiento
sino en aquellas ansias carnívoras que los retienen,
esa memoria que nos identifica y se acumula como una
barrera de fotografías que, poco a poco, se tornan amarillas,
tratando de impedir el incesante cambio para afirmar que
la ilusión es algo que se define por su número de arrugas.
Es necesario que la conciencia, viéndose a sí misma,
se disuelva en aquello que está más allá de lo eterno.
i las cosas suceden, es decir, si se producen partes,
Se las cosas es si se
estas partes, cosas, ya están, desde antes de suceder,
contenidas en el Todo. Nada que no esté contenido desde
antes en el Todo puede suceder. Absolutamente todo ha
sucedido antes. Es imposible obtener una parte separada.
Sólo el Todo es en sí mismo. Siempre la parte es en lo otro.
La parte, cuando se cree separada y actúa en consecuencia
con esta creencia, está enferma. La enfermedad es esen-
cialmente separación, es decir, creencia de estar separado.
El que duda del universo, por ser de él un elemento,
debe hacerse objeto de su propia duda.
Si no puede confiar en que su ser es real,
¿con qué fe sostiene una opinión o la otra?
Sin poder tocar el fondo, repite palabras como loro,
gestos como mono y sentimientos como perro.
Por identificarse a todas las formas, no ve en la raíz de cada
una de ellas el ojo indestructible.
51
L
a parte más pequeña que puede ser pensada es el
punto. La parte más grande que puede ser pensada es
aquella formada por la acumulación de todas las partes. Sin
embargo, la parte más grande no es el Todo porque nada
puede contenerlo ni ser más que él. Igualmente, el punto no
puede ser más pequeño que el Todo. No se puede pensar
algo más grande que la acumulación de todas las partes ni
algo más pequeño que un punto. El Todo es impensable. Un
punto es el primer pensamiento; la acumulación de todas las
partes es el pensamiento final.
Un día, así de pronto, se nos manifestará de golpe
la totalidad del universo.
Vendrá a presentarse ronroneando delante
de nuestra conciencia limitada
como una gata gigantesca solicitando las caricias
de un amo de piedra.
En lugar de quererla ver, entraremos en sus ojos
para ver cómo ella nos ve.
T
odo lo nombrado forma parte del Mundo. El Todo es
e. hay .
el único yo-aquí-ahora posible. Si hay «Dios», está
aquí. Si hay <<más allá», está aquí. Si hay un «fuera del Mun-
do», está aquí. Pero no se puede decir «dentro del Todo>>.
52
El Todo, no pudiendo estar fuera de sí mismo, está en sí.
No dentro de sí, porque no es dual. Ni fuera de sí, porque
el «fuera>> es parte del Todo. Las partes están siempre en
el Todo. El Todo está en sí, ni dentro ni fuera. La parte
cree estar tratando de ser; todo en ella es creencia, no rea-
lidad. Los seres son cosas y las cosas son ficciones del Todo.
Sin embargo, las ficciones, en tanto que ficciones, son
hechos. El Mundo es la suma de las ficciones.
Nos dejamos ilusionar por el punto legendario que, uniendo en
la cima sus lados, puede darle existencia a la pirámide.
Tratando de pasar por el ojo de una aguja, esperamos que el
mañana nos aporte lo que no comprendemos hoy,
pero el Héroe se aventura en las tinieblas de la mente para
conquistar el olvido, fruto del árbol de la eternidad.
Verdadera memoria es aquella de la arcilla antes de que
Dios la transformara en el cuerpo de Adán.
U
na parte no puede establecerse en el Todo, por serle
imposible conocerlo. Sólo puede establecerse en un
Mundo basado en su asociación con las otras partes.
Cualquier asociación de partes no es real y está basada en
un mito fundador. Los mitos fundadores son ilusiones úti-
les. Sin embargo sus creyentes, a medida que la asociación
se desarrolla y abarca más partes, deben ser capaces de
53
renovar el mito fundador. El valor del mito fundador con-
siste en su posibilidad de ser transformado por diferentes
interpretaciones. Es un texto ambiguo, imposible de des-
cifrar en su sentido verdadero, que sólo se puede com-
prender a través de interpretaciones. Entre el mito y la aso-
ciación de partes que se constituye basándose en él, se
necesita una interpretación intermediaria. A cada cambio
de interpretación del mito fundador corresponde un cam-
bio social. Si se invalida el mito fundador la sociedad se de-
rrumba. Para transformar la sociedad es necesario dejar
intacto el mito fundador y, únicamente, darle una nueva
interpretación.
Andamos por el camino de la vida sin percatarnos
de los abismos que nacen bajo nuestros pasos.
Dejamos que nos guíe un perro ciego porque sabemos que
el logro final es siempre el mismo.
Llegamos a la base oculta del ser para mirar a nuestra
propia persona como si fuera un extraño.
Con voces de loro sólo podemos describir las sombras
de las lámparas que iluminan el sendero.
os mitos fundadores son sueños que se transforman
Les se parmar
Lo
en palabras por la transmisión oral, cantos, para ser
fijados luego por medio de la escritura, cuentos. La moral,
las leyes, las descripciones del Mundo, que los intérpretes
54
deducen del mito fundador, están basadas en sueños, can-
tos, cuentos.
Sabe menos de sí mismo que de los objetos que forman
su parecer. Se vive como un enigma.
No comprende al dragón invisible de cuyo rugido eterno
es sólo una efímera llama.
Para evitar el derrumbe de la razón, se encierra
en su cuerpo como dentro de una jaula de carne.
Se compara a la mosca sin darse cuenta de
que
en el centro del presente se encuentra la eternidad.
N
inguna parte es suficientemente poderosa para ser la
es ser la
causa de la destrucción de otra parte. Detrás de la ac-
ción individual siempre está la acción del Todo.
La Diosa lo alimenta con diez mil pechos y, sin embargo,
él no se da cuenta de ello,
esperando de la muerte una excepción que lo convierta
en un cuerpo de mármol vivo.
Por fin, acercándose a través de las enfermedades a ese
organismo que le parecía desconocido,
puede penetrar en su misterio: el alma es el ave que nutre
a las estrellas. La eternidad es la realización del olvido.
55
A
unque el individuo elija lo impersonal, siempre está en
lo subjetivo. No se trata de llegar a la Verdad sino a la fic-
ción más bella de lo objetivo. Lo bello es la meta para el indi-
viduo, la Verdad pertenece sólo al Todo.
Si Aquello es la puerta, nosotros vivíamos en una torre
sin ventanas ni salida.
Si Aquello es la luz, nosotros vagábamos entre los muros
sumidos en la oscuridad.
Si Aquello es el camino, nosotros girábamos extraviados
alrededor de nuestra silla.
Ahora debemos luchar con el ángel de alas negras para que
alcancemos la unidad en la adoración conjunta de la Luz.
N
inguna parte es en sí. El ser de la parte es sólo un
conjunto de relaciones. De parte en parte se llega a
ninguna parte. De ninguna parte se llega a todas las partes.
No ama nada, no odia nada, ni desea nada;
sólo es un testigo indiferente de la esperanza.
Las emociones están enhebradas en su misterioso Yo
como perlas de collar en un hilo invisible.
Permite
que el iluso se descubra como una máscara
sin rostro ante la luz que brota de sus ojos dorados
para que los pensamientos sin Ser adquieran un destino
al detenerse, inmóvil, en el centro del sueño.
56
ecir no es mostrar. La información correcta es mos-
Dtrar. Todo lo dicho, si no es mostrado, es ignorancia.
trar. Todo lo dicho, si no es mostrado, es ignorancia.
Las partes se forman a partir de otras partes. Las partes
que generan, o transmiten la información correcta (mue-
stran) o no la transmiten (dicen). Lo segundo produce
ignorancia en la parte generada. Como de aquello que
ignora el individuo no puede hablar, lo ignorado para él
no existe. El sufrimiento es ignorancia. La enfermedad es
falta de conciencia. La parte, siendo totalmente relacional,
para llegar a la salud, necesita recibir la información esen-
cial. Para curar a un individuo hay que ponerlo en relación
con el Todo.
Insensible al aroma de inmortalidad que emana de su cuerpo
es un perro sin olfato que no puede seguir su propia pista.
Rey antiguo, cubierto con un manto de harapos y el cetro
de oro devorado por las hormigas,
sólo encuentra poetas ancianos que, con sus fatigados cantos,
lo conducen a las regiones adormecidas de la mente.
Su último estertor por liberarse de la memoria de sí mismo le demuestra
aún puede haber conciencia de la conciencia en un cadáver.
que
H
ay que entender «Creo porque creo» como «Creo
(de crear) porque creo (de creer)». Si no se puede
creer, no se puede crear.
57
Tiene el dolor oculto de no cruzar el camino de la herida
siendo llevado de la mano por un ángel.
Entre palabras muertas, la indiferencia del mundo,
como una corriente de ácido poco a poco lo va borrando.
Los dioses rechazan sus presentes y los vuelven
a arrojar al mundo de los hombres,
pero las estrellas fulgurantes son siempre hijas del desaliento: un día
el corazón se le abre en cuatro pétalos como una flor milagrosa.
i a cada instante hay más partes, no hay Todo nunca.
Sia no nunca.
Si a cada instante hay menos partes, no hay Todo
nunca. O el Todo es una promesa, se está formando, o el
Todo es un fracaso, se está esfumando.
En el fondo de nosotros hay una serpiente enroscada que esconde,
tras sus labios heridos, una perla.
La adoracion alcanza su valor más elevado cuando,
para apoderarmos de esa gema, nos otorga la invisibilidad.
Entonces, haciéndose presente, aquello que trasciende a la persona
convierte al corazón en un nido de llamas
para que,
de
de sus cenizas, nazca el ave roja que ha de transportarnos
regreso a la eternidad.
58
n el decir no hay seguridad. En el sentir podría haber-
E nesecite
la, siempre que la parte que siente no fuera una fic-
ción. Y eso ella no puede probarlo.
Es imposible escapar a la desdicha, pero se la puede aprisionar
en trenes virtuales que la lleven hasta el extremo límite de nuestra
conciencia, para arrojarla en el abismo que se extiende bajo el olvido.
Todas las verdaderas respuestas son silenciosas. El zumbido de las
palabras huecas solamente logra que las palomas se vuelvan carnívoras.
Nuestra golondrina emocional tiene que dejar de tratar de abrirse camino
a picotazos a través de las piedras.
No se debe luchar para obtener un milagro. En el calendario, los prodigios
surgen de forma inesperada. La flor no tiene conciencia de la
fragancia que emana de ella. Toda inacción es una oportunidad.
N
o hay un ser aquí y ahora. El aquí es todo el espacio,
es espa
ahora es todo el tiempo y el ser es todo el ser. Ser,
cio y tiempo son una misma cosa. Es decir, ninguna cosa.
Sólo una parte puede ser cosa, la cosa necesitando otra
cosa para ser identificada como tal. El Todo no es cosa. No
es ni no es. Es impensable.
El espacio, el tiempo y la individualidad son maneras
con que las partes edifican su Mundo, representación de la
realidad impensable. El Todo no tiene tiempo ni espacio
ni individualidad. Infinito y eternidad, separación y uni-
dad, son ficciones.
59
Hay cuatro metas: la primera es conocer la totalidad del universo;
la segunda es vivir tantos años como vive el universo;
la tercera es convertirse en la conciencia del universo;
y la cuarta es darle entonces la felicidad a todos los seres que nos habitan.
L
o que se dice es lenguaje, no representación del Todo
sino del Mundo. Lo que se hace es acción del Todo:
hechos. Lo que se muestra es acción de la parte: lo que la par-
te capta e interpreta de los hechos. El hecho no se muestra,
acontece. La parte que lo ve lo interpreta. Esta interpretación
es lo que se muestra. Pero la parte es un hecho y también una
representación cuando se ve a sí misma. Para ella, verse a sí
misma es siempre ver parte de sí misma. Quien ve no puede
verse. La parte que se muestra a sí misma es representación.
Siendo representación, la parte que trata de captar el hecho
para que se le muestre, sólo puede obtener representaciones.
El hecho se le escapa, se le hace impensable.
Si aparece demasiado temprano lo rechazamos. Si aparece demasiado
tarde lo negamos.
Para que nos deslumbre a la hora justa tendrá que venir a lo profundo
de nuestras entrañas.
Con una inmensa e increíble paciencia lo buscaremos durante siglos,
sabiendo que Aquello brillará un instante fugaz y luego
nos dejará ciegos.
Somos nosotros los que hemos puesto la blancura en las alas del cisne.
60
E
1 Todo es el ser de la parte. Las partes son el ser del
Todo.
Se debe pasar del pensar a lo impensable. Estar ciego, sordo y mudo para
todo, salvo el inasible objeto de la búsqueda.
Aquel que se zambulle en la profundidad misteriosa del Ser encontrará
un aroma sagrado que ha de difundirse dentro de su carne.
Yendo más allá de toda posibilidad de regreso, alcanzará entonces la
es el hilo que mantiene juntas las diversas
imperecedera belleza que es el hilo
cuentas y sin el cual todo se deshace.
No es posible contemplarla. El espectador se disuelve en su hálito para
convertirse en Aquello que no expresa nada sino a Sí mismo.
En el Todo
n el Todo nada puede suceder. Lo que sucede ya ha
sucedido.
El Todo no puede tener futuro, ni tampoco pasado. Es
un presente eterno.
¿Debemos compararnos a un mono que se pasa la vida
saltando de un lado para otro, en un esfuerzo por arribar
a una isla donde puede convertirse en un ídolo que mira,
impotente, hacia el fin del océano infinito?
Las ruedas del cerebro nunca dejan de girar hasta que
sobreviene el sueño sin sueños. Entonces, como una llama
solar que se separa de su ardiente padre e inicia una vida
propia, el Ser Infinito hace su entrada en el hombre
a través del corazón.
61
Sin embargo, en la vigilia, atravesando la memoria llena de alas de
ángeles ciegos el camino del retorno todavía existe.
Basta mantenerse en comunicación constante con el Origen
para gustar el néctar de los dioses y el silencio de la vaca.
a parte, de una manera impensable, es útil para
el
La es se er
Todo. Ninguna parte es inútil. Cuando es inútil se es-
fuma. Ningún hecho es inútil.
El llamado ha penetrado silenciosamente. Cada nuevo día
nos parece sublime.
La vida mezquina se hace sagrada. El perfume de la divinidad
se esparce en la materia.
Andamos tranquilamente por el mismo camino donde otros
corren con locura.
A cualquier hombre podemos llamarlo «Yo». Somos el cuerpo
de todos los otros.
62
DICCIONARIO
POESÓFICO
L
ABERTURA
a parte, para sentirse tal, tiene que establecer fronte-
ras precisas pero permeables a la unión con las otras
partes. Para esto, debe aceptar el cambio constante y la
impermanencia de todo bien. La parte consciente sabe
que su finalidad, alcanzar el Todo, está en la unión con la
totalidad de las partes. Una parte consciente no teme al
intercambio porque elige en las otras partes lo útil, aquel-
lo
que acerca a lo real, y rechaza lo inútil, aquello que aleja
de lo real. La parte enferma establece fronteras que cree
impenetrables y, en su vano afán de aislarse y conservar,
construye un Mundo basado en sentimientos de cólera,
vergüenza y temor.
Ocultando la vergüenza de morir, de envejecer, de capitular,
ante el deseo, caminamos vestidos con corazas,
secretando con palabras sin fondo el abismo que nos separa de los otros,
65
patéticos peregrinos en busca de un camino por donde
retornar a la máscara de nosotros mismos.
¿Nos daremos cuenta un día que el tiempo es una danza
circular? Cuando mueren las nubes, nace el océano.
L
ABUNDANCIA
a abundancia pertenece al Todo, la carencia es el es-
tado de cada parte. La parte negativa aspira a la abun-
dancia dentro de sus límites, deseando, por la adquisición
avara, ser cada vez más para convertirse ella misma en el
Todo. Esto es una abundancia de posesión. La parte posi-
tiva aspira, por el contrario, a ser cada vez menos por el
don de sí misma, hasta perder sus límites y disolverse en la
abundancia. Esto es una abundancia de Conciencia.
No hay nada que no sea un tren de ancianos disparado hacia la niebla.
El sueño, como una marea, se lleva a los abuelos y sus muebles.
Parece que Dios quisiera alimentar a las palomas pero no al alma.
Sin embargo, el secreto consiste en dar lo que no es nuestro,
recibiéndolo en la penumbra con manos que son abismos.
Como peces clamando tengo sed en el fondo de un lago,
creemos pasar de la cuna al ataúd en la carencia,
sin darnos cuenta de que la abundancia es la trama del alma,
que los metales viles son tan preciosos como el oro,
que nuestra sangre es el elixir eterno que circula más allá de las venas,
porque un sol disuelto por amor alimenta su corriente encarnada.
El más grande don es el don de lo invisible.
Desaparecer es otorgar al mundo aquello que le pertenece.
66
C
ALEGRÍA
uando el individuo no retiene nada, deja pasar a través
de su frontera el río de energía vital que el Todo ince-
santemente le transmite y, percibiendo su propia imperma-
nencia, celebra cada instante de su efímera vida como un
regalo precioso, conoce la alegría.
Deja que la hidra de las sombras murmure con insidia,
deja que de los palacios se desplomen los contornos,
deja que la banda municipal ladre su marcha fúnebre
mientras penetras en el ataúd y te vas al cementerio,
acariciando al muerto entre risas cristalinas
que convierten en ronda al oscuro cortejo.
U
AMOR
na parte se alegra de la existencia ilusoria de otra
parte y, con veneración, la ayuda a desarrollar su
conciencia para que se una de más en más a otras partes
con el ideal de formar una unidad. Este amor no se puede
dedicar al Todo, porque es incognoscible y, por lo mismo,
impensable. Este amor se dedica a lo que se cree obra efí-
mera, división aparente, de la totalidad. Precisamente por
carencia dolorosa de visión del Todo, lo real, siendo un
concepto útil sin ningún sentido, nace del amor al Mun-
do; amor en que el individuo pierde el deseo de posesión
de su aparente existencia y se dedica con fervor a erigir al
67
otro en símbolo de lo infinito y de lo eterno: es decir, le
otorga las míticas cualidades del Todo.
Cuando atraviesas el vacío que yace bajo el tiempo
-allí donde los contrarios no son más que dolores
de mi propio misterioso corazón sin individuo-
sólo entonces mis ojos se desprenden del mundo
para verte en el centro alrededor del cual me creo.
Sólo entonces me sumerjo en tus aguas celestiales
y el espacio se detiene hasta que muere el tiempo
y
la conciencia en mi materia es un dios indiferente,
y el actor y el espectador son una misma sombra
y en la fortaleza mental se abre un abismo verde.
Allí estás tú, sólo tú siempre, tú definitivamente tú,
virgen de carne donde se me ha disuelto el alma,
luz roja, sangre del alba.
AVENTURA
S
alirse del propio contexto para entrar en contacto con
otro contexto hasta hacerlo nuestro, en un intento de
ir aglutinando las partes para obtener la máxima aproxima-
ción al Todo: ir uniendo los Mundos que parecen separa-
dos para llegar a disolvernos en lo real. En tanto que repre-
sentación ilusoria de lo real, la Conciencia se extiende,
sabiendo que ese deseo de más y más lucidez significa el fin
de ella misma: en la Unidad no cabe la dualidad «ser con-
sciente de…». Ni tampoco «ser consciente de sí mismo».
68
Viajar en busca de la esfera multiforme
que otorga la luz a cada gramo de sombra,
concediendo un comienzo a todos los finales
hasta parir una forma que es alma.
C
BELLEZA
uando la parte se vuelve consciente de su efimeridad
su
y comprende, desde su aparente ser individual, la
disolución -anunciada por el cambio constante- de todas
las formas que parecían existir para siempre, aparece la
belleza. La belleza reina en el instante mismo en que la
parte ilusoria se esfuma para entrar en lo no formal y lo
atemporal, en el Todo. Es decir, cuando el Mundo desapa-
rece en lo Real. Sin impermanencia no hay belleza. En lo
permanente la belleza se hace verdad.
Aún viva la rosa, su perfume en el presente ya es recuerdo.
Desde cada pétalo nos mira la muerte con ojos lastimeros,
pero en las manos vacías, como un recuerdo del recuerdo
nos queda la belleza, anunciando el fin de la mirada.
COMPASIÓN
quel que conoce sus límites siente el sufrimiento de
A quel
la
sus el
parte ilusoria que aspira a disolverse en la realidad
del Todo. Aprende entonces a distinguir entre las ilusiones
69
positivas y las negativas. Las positivas acercan a la disolu-
ción en el Todo y lo conducen al éxtasis. La negativas sepa-
ran más y más al individuo del Todo y lo conducen a la
angustia. El ser, consciente de sus límites, ofrece su nivel
de comprensión a aquellos que, por no liberarse de sus ilu-
siones negativas, en lugar de avanzar hacia la salud se
sumergen en la destrucción. Este estado de destrucción le
afecta porque significa su propia destrucción: lo que le
sucede al otro le está sucediendo a sí mismo. La enferme-
dad del Mundo es su enfermedad. Su compasión no cesa-
rá hasta
que todos los seres que forman el Mundo cesen de
destruirse y vivan en éxtasis para esfumarse en el Todo.
Aquel que ha viajado hasta la frontera donde el testigo se disuelve,
para quien las cenizas del hombre incinerado, con un en la mano,
son más existentes que el cuerpo del muerto que se piensa vivo,
contempla triste la agonía del temeroso habitante de la razón,
cuya ocupación entera es el infecundo esfuerzo por existir.
Esa compasión anterior al rechazo, a la ley, al devorar insaciable,
solamente puede darla aquel que ha sido capaz de lanzarse al abismo
para volver a medias, caminando con pasos efímeros, junto a lo eterno,
y transmitir la paz que nace de la ausencia del mundo.
COMPRENSIÓN
a parte comprende que, no pudiendo comprender al
Todo, tampoco podrá comprenderse a sí misma o a
La no
70
las otras partes. Lo real es un misterio que la parte no
puede conocer sino esfumándose. El sujeto de la compren-
sión es la ignorancia. Mientras más la parte descubre su
ignorancia, que es infinita, más comprende.
A los caminos los transforman nuestros pasos. Recorrerlos otra vez es imposible;
en su grava germinan las huellas que dejamos. ¿Pero dónde se produce la mirada?
En un cuerpo que agoniza, torturado por pensamientos siempre extranjeros,
que llegan en la noche como ratones insidiosos a roer las estructuras
para que, al amanecer, la razón se asemeje a un barco varado en la playa.
Cada concepto expresa una vida que se sitúa fuera del alma,
y es inútil esperar que el libro de Dios otorgue una certeza.
No hay una sola palabra que no sea el simulacro de sí misma.
Aquello que, por no ser, es lo único que es, nos conduce a la cruel comprensión.
El universo es tan mortal como una mosca. Nunca hemos estado aquí.
E
CONOCIMIENTO
I conocimiento total pertenece al Todo. Lo único que
puede conocer una parte es sus propios límites. Para
ella, aspirar a la totalidad del conocimiento es aspirar a
conocer la totalidad de sus límites. Pero los límites son tan
ilusorios como la parte que cree tenerlos. A medida que el
individuo avance hacia el conocimiento de sus límites,
ellos se irán expandiendo de manera infinita, y a medida
que el sujeto investigue en su interior se irán estrechando
de más en más, sin llegar nunca a desaparecer. Al desapa-
71
recer la totalidad de sus límites, la parte se esfuma en el
Todo. El Conocimiento es la desaparición del individuo.
Ebrio de luz transcurro en el segundo inmenso.
El accidente sucede justo a su tiempo.
El misterioso punto de las mil facetas
estalla en un cosmos que forma un corazón.
Porque todos los finales son mi comienzo,
todos los caminos han de ser mi sendero.
Cuando el mundo entero es objeto de mi flecha,
Dios me sigue como una sombra sin razón.
DESEAR
1 individuo recibe al impensable Todo, deformado en
E una per-
ficciones, por cada una de sus cuatro formas de
cepción. Los pensamientos son deformaciones intelectua-
les del Todo. Los sentimientos son deformaciones emo-
cionales del Todo. Los deseos son deformaciones instintivas
del Todo. Las necesidades son deformaciones corpora-
les del Todo. Estas cuatro deformaciones primarias son, a
su vez, deformadas por la locura del Mental que, tomándo-
se por lo real, crea cuatro objetos de deseo. Las necesida-
des aspiran a tener toda la salud y el dinero del mundo. Los
deseos aspiran a tener todo el placer del mundo. Los senti-
mientos aspiran a tener todo el amor del mundo. Los pen-
72
samientos aspiran a tener todo el conocimiento y el reco-
nocimiento del mundo. El individuo consciente acepta que
el verdadero objeto de su intelecto es el conocimiento del
Todo, que el verdadero objeto de su emoción es la unión
con el Todo, que el verdadero objeto de su deseo es la diso-
lución en el Todo y el verdadero objeto de su necesidad
material es la unión de todas las partes. Y es así como el
individuo que se libera de su Mental demente comprende
que el único objeto posible de deseo es él mismo, puesto
que, aunque él no sea el Todo, el Todo es él.
Entrar en sí mismo para desaparecer en lo real es la
esencia del desear.
Cuando mi espejo refleje tu esplendor,
quiero que, al verte en él, me veas,
para que de mis ojos emerja esa luz
y como un canto disuelto en el Verbo,
sea yo la voz que crea por una sola vez.
¡Bendigo este dolor que me une a ti
porque en las soledades que me envías
obtengo la prueba de tu imposible ser!
DESPRENDIMIENTO
odo pertenece al Todo; la parte, de nada es propieta-
Tod
73
mientos, ni sus deseos, ni sus necesidades, ni sus llamadas
posesiones materiales, le pertenecen. Su ser mismo no le
pertenece. La Conciencia, al ir desprendiéndose de aque-
llo a lo que cree estar atada, en realidad va obteniendo.
Por desprenderse de lo que no es ella misma, o de lo que
no es suyo, se aproxima al Todo, donde ella misma, en
tanto que parte, se esfuma. La parte, al desprenderse de sí
misma, se desprende de todo el resto.
Como nube llevada por el viento, no tengo residencia ni tampoco final.
Cada paso es un comienzo. Aspiro sólo a ir hacia donde jamás se llega,
a decir lo que es puro silencio, a abrir las manos sin nunca tomar nada,
a la soledad de la piedra sobre la que se edifica el templo.
Acepto ser un muerto para que Dios se convierta en mi alma.
FE
E
I individuo, siendo parte, no puede conocer el Todo
y, siendo ilusorio, no puede conocer lo real. Tampo-
co puede ser consciente de la totalidad de sí, porque, sien-
do creado a cada instante, no tiene un ser, sino un estar
siendo que es imposible definir o poseer. No teniendo ra-
zón de ser propia, para encontrarla el individuo, sin la
posibilidad de ninguna prueba, debe aceptar creer que el
Todo es su razón de ser. Creer que, puesto que es ilusorio,
es una ilusión de lo real. Creer que, puesto que se está sin-
74
tiendo, ser con una existencia que no es suya sino del To-
do, ese sentirse ser es una ilusión necesaria para el Todo.
Fe es el hecho de aceptar al Todo como única verdad del
Mundo, y aceptar al Mundo como una misteriosa necesi-
dad del Todo.
No sé de dónde vengo pero sé que siempre he estado aquí.
No sé quién soy pero sé que lo que soy es lo que el otro es.
No sé dónde estoy pero sé que este lugar no tiene límites.
No sé adónde voy pero sé que a todas horas alguien me acompaña.
No sé cuál es mi meta pero sé que para conocerla debo llegar a mí.
No sé qué es lo que busco pero
que lo que busco me busca.
No sé lo que puedo recibir pero sé agradecer lo que me han dado.

GRACIA
L
a Gracia es un estado donde la voluntad ilusoria de la
parte se somete por completo a la voluntad real del
Todo. Es un sentimiento de pertenencia, de acatamiento,
de transmisión sin avaricia de lo que constantemente se
recibe, principalmente por la vía emocional. El centro
emocional, limitado en su individualidad, no pudiendo
contener esta marejada de amor total, se transforma en
canal y reparte hacia los otros lo que sin cesar recibe.
Más allá del lugar y el reino del tiempo
dejo de ser para que aquello sea en mí,
75
soy el eco eterno de su primer grito,
soy el grito eterno que no tiene eco.
GRATITUD
A sadecer lo que ha sido dado es aceptar que lo que se
obtiene es recibido del Todo y no de uno mismo. Gra-
titud es el reconocimiento de que todo nos es prestado y que,
por lo mismo, todo nos puede ser quitado. Agradecimiento a
este poder gozar de lo que no nos pertenece, sin serle indife-
rente. Goce donde hay la conciencia de lo efímero de este
goce, que no puede ser eterno sino cuando el que lo experi-
menta es eterno. La parte, al participar del goce del Todo,
obtiene un placer reverente. La Conciencia permite que el
préstamo se haga tan grato de recibirlo como de devolverlo.
Si recibimos sin gratitud, es decir, sin conciencia de la exis-
tencia del Todo, se nos hace doloroso desprendernos de lo
prestado, pensando que no lo devolvemos sino que lo perde-
mos, puesto que lo consideramos nuestro. La gratitud no sólo
se siente cuando gozamos de lo prestado, sino también des-
pués de que lo hayamos devuelto. Vivir la experiencia del don
nos ha enriquecido y el aporte de lo perdido es permanente,
forma parte de nuestro efímero ser mientras éste dura.
¿Si el corazón no venciera el obstáculo del «Soy yo»
cómo podria agradecer al «Yo soy»?
Sin pérdida y sin razón, no pudiendo dar nada, recibiendo
otorga el placer de dar.
76
Aquello que el don despierta en su alma
vuelta humilde, es el júbilo por la existencia del otro.
Quien ha sabido recibir, agradece no sólo a los vivos
sino también a los muertos
porque siguen aportando su alimento a través de la memoria,
cementerio donde las tumbas manan miel.
Agradece a las misteriosas causas que le conceden el instante magnífico
en que todo sucede para él.
Entonces no sufre por lo que ha perdido, se alegra por el tiempo que lo tuvo.
Amando al ser efímero, ama al no ser eterno.
E
que
Amando todos los límites, ama el espacio sin fin.
HUMOR
1 hombre consciente de sus límites se hace consciente
le
de los límites del otro. Sabiendo que en el Todo la parte
es ilusoria, nada de lo que parece acontecer a la parte
afecta mayormente. Siente que las cosas son «<hasta cierto
punto», más o menos fragmentarias, nunca totales. Sabe
si el Todo es eterno, la parte es efímera y, por aquello,
deja pasar sin aferrarse a cualquiera de los ilusorios hechos
que forman su imagen de lo real llamado Mundo. No
habiendo oposición sino distanciamiento, esta actitud con-
sciente, este humor, permite sin sufrimiento la aceptación
de ser parte ilusoria de un Todo incomprensible.
Con los bolsillos llenos de fuegos artificiales,
avanzamos por la vida dentro de nuestro cadáver.
A carcajadas, como una culebra interminable,
77
dejamos que el mundo se nos deslice de las manos;
a carcajadas vemos pasar por nuestra lengua muda
el torrente de palabras ajenas;
a carcajadas permitimos que en la memoria devorada
por el olvido, los recuerdos, como islas en la nada,
nos exijan brincos cada vez más largos para ir del uno al otro;
a carcajadas nos enfundamos las batas de enfermo
que nos convierten en animales sin derecho al presente;
a carcajadas disimulamos la angustia de ver,
junto a montones de brazos y piernas, cerros de relojes;
a carcajadas mostramos una sonrisa que esconde un dolor
en cada diente, ante el Rey que va cayendo sin cesar de su trono.
LUZ
s la aparición de lo ilimitado en el espíritu del indivi-
E se
duo. Aquello que se presenta como Luz no se puede
ocultar, ni poseer; su resplandor es para todos y es visto por
quien tiene ojos para verlo. Sólo el Todo es luminoso y las
partes son oscuras. Cuando la parte deja de aferrarse a sus
límites y recibe la Luz, cesa de ser ella misma, (guardando
la apariencia de su forma para los otros pero no para sí,
porque la Luz aniquila la ilusión de sí) y se convierte en
transmisor, puente que une aquello que cree ser con
aquello que no es y que se imagina fuera del tiempo y del
espacio, aceptando que fuera es una metáfora porque sólo
existe el dentro para eso que se vive como parte. Quien
recibe la Luz pierde el nombre, la definición, y se hace,
78
por su impersonalidad, guía de los que se aferran a la ilu-
sión de sus límites.
Pueda algún día el día vencer a su sombra
para que, bajo el Sol, aborte la noche invasora
y se disuelva en la luz como una araña negra,
dejando en mi féretro su esqueleto de estrellas.
E
MIEDO
1 miedo es siempre el deseo de no perder algo propio. El
algo más importante que un individuo puede perder es
su vida. Sin embargo «su vida» no es «suya». La vida es un fenó-
meno universal, no individual. Bajo el miedo a perder la vida
está el miedo a perder la individualidad. La individualidad,
siendo ilusoria, resume ese miedo a perder la sensación de
individualidad, que es una ilusión en tanto que individualidad,
pero una realidad en tanto que sensación. La individualidad se
resume en sentirse a sí mismo. Dejar de sentirse a sí mismo es
el
mayor miedo. Para que el individuo se sienta a sí mismo
necesita crear objetos que no sean él. Necesita separarse y cir-
cunscribir áreas que limiten lo otro, dándole una individuali-
dad aparente. De allí nace la sociedad represiva y egoísta.
Ciegos dando sin cesar el primer paso,
en una esfera donde la superficie está en todas las partes,
y el centro en ninguna,
79
cayendo sin cesar de nosotros mismos en nosotros mismos
para recorrer el abismo sin fondo donde poder y poseer,
suenan como cantos de cisne.
Porque no logramos comprender aquello que en verdad somos
hemos de vivir siempre temblando.
¡Ah, qué fastidio ese yo soy que quiere perdurar
de día en día, de sombra en sombra, de muerte en muerte,
siempre ahí, fabricando un destino con la nada,
ebrio de amor por su imagen invisible,
ahogado en el torrente de los mitos
donde flotan los pensamientos como vacas muertas,
un sonámbulo cayendo del último piso
para estrellarse contra la lucidez que
impotente de su cobardía!
lo hace testigo
¿Qué pretendemos adquirir cuando a cada instante todo cambia?
Sólo el azar nos otorga lo posible,
hundiéndonos una espada en la cabeza.
E
NACIMIENTO
1 Todo no nace ni muere. La ilusión de nacer es un pri-
vilegio de las partes. Para que la parte sea parte nece-
sita ser efímera. El nacimiento es una transformación del
Todo inmutable en parte en constante cambio. Elemento
esencial de ese cambio constante es la aparente destrucción
o muerte. El nacimiento sin destrucción es impensable.
Nacer significa estar naciendo continuamente, al mismo
tiempo que muriendo continuamente. Nacimiento y muer-
80
te son los dos aspectos esenciales de la vida. El individuo
positivo, sin intentar aferrarse a ninguna posesión, se entre-
ga a este nacimiento-muerte sin fin. El individuo negativo se
aferra a lo que cree poseer, luchando por impedirse nacer-
morir, en un vano y angustioso afán de conservar.
Verdad, que nos dejas beber sólo un instante
para aplastarnos contra Tu pecho invertido,
y sumergir en las delicias de la muerte
algo que, por veloz, no pudo ser vivido.
OBEDIENCIA
L
as partes no tienen voluntad real, dependen de los
impulsos del Todo. El Todo crea la ilusión de la divi-
sión y de la reintegración según ciclos incomprensibles. Si la
parte acepta aproximarse a lo real, debe aprender a acatar
estos designios, desobedeciendo a los dictados comprensi-
bles de su Mundo ilusorio. Obedecer es obedecerse, pero
para ello el individuo, borrando las ficciones que considera
ser su interior, debe encontrar la fuente impersonal de
donde fluyen las órdenes, y dejarse transportar, ya sin volun-
tad de comprender, por las corrientes misteriosas de lo real.
Sabiendo que para ser hay que desaparecer,
para crear hay que decidirse a morir,
y para vivir perder la memoria,
81
obedientes, hemos construido un laberinto informe
donde vagamos convertidos en sombras,
buscando como opio la ausencia de opiniones,
guardando para siempre, invioladas, las preguntas,
esperando que, por fin, se calle el pensamiento
y cese de presentarnos el pasado como meta.
PACIENCIA
L
a parte acepta, sin rebelarse ni cesar de agradecer su
estado de Conciencia, la posibilidad de que, para lle-
gar a disolverse en lo real, puede necesitar la totalidad del
tiempo. Esperar una eternidad para cumplir lo único que
una ilusión puede cumplir, disolverse, es el significado más
profundo de la paciencia.
Durante siglos, fui un llamado ante ninguna puerta,
pidiendo escuchar tu voz y llorando como un hijo.
Si no me acompañabas tú, era siempre la muerte;
tuve que arrancarme los ojos para poder verte.
Si mi cuerpo dormido hace del sueño un paraíso,
tú me devoras el alma que siempre está despierta.
L
PAZ
a parte, cuando quiere constituirse ella misma en uni-
dad, se desolidariza del Todo, pero así aislada, su propio
82
interior se divide en partes y éstas a su vez en otras partes. Tal
subdivisión puede hacerse infinita porque lo real, unidad
absoluta, no admite partes atómicas indivisibles. La parte ató-
mica, unidad en la Unidad, es impensable. La división, sin
aspiración al Todo, engendra malestar, carencia, decepción y
violencia. Cuando la parte se solidariza con el Todo y aspira a
la unión de las partes para llegar a ese algo más que es la suma
de todas ellas, a medida que las relaciones se establecen, alcan-
za el bienestar, la abundancia, la satisfacción, la serenidad. La
Paz es la aceptación de todas las partes de su ser en el Todo.
Para que el corazón sea una extensión sin muros pero en llamas,
el centro de la rueda que, sin trabas, va más lejos que sí misma
renunciando a la rabia, al poder, a su propio interés,
olvida el sufrimiento, la impaciencia, la ignorancia,
para, por fin, tolerarse en toda su ingrata pequeñez.
Pacificándose, comenzará a pacificar a los animales,
a los astros, a la materia, al monstruoso universo,
a las víctimas que tratan de morder los pies de Dios.
Como Orfeo seduciendo con sus latidos hechos canto,
rescatará su alma de las normas del pensamiento.
Aceptando morir sin condenar la vida, reconoce la belleza del error.
No pudiendo alcanzar la Verdad, se limita a amar a su prójimo.
PREGUNTAR
i el individuo para el Todo es una parte, para las partes
Sid
que lo constituyen a él mismo es un todo. Sin embargo,
83
siendo manifestación ilusoria del Todo, nunca podrá cono-
cerse a sí mismo: cualquier conciencia de sí mismo será sólo
conciencia de una o algunas de sus también ilusorias partes.
En tanto que parte, la totalidad le será inalcanzable, irrealiza-
ble. Cada parte será considerada como pregunta, dándosele
calidad de respuesta únicamente al Todo. Respuesta imposi-
ble, porque el Todo es impensable. Queda nada más un
Mundo constituido sólo de preguntas donde el único progre-
so espiritual es la formulación de preguntas cada vez más pro-
fundas. Pero mientras más profunda es la pregunta, menos
posibilidad de respuesta tiene. Las preguntas superficiales
obtienen fragmentos de respuesta. Mientras más superficial
sea la pregunta, más ilusión de respuesta obtiene. La pregun-
ta perfecta, imposible de imaginar, sería aquella que no deja-
ría la más mínima posibilidad de respuesta: estaríamos enton-
ces ante una pregunta que sería el Todo mismo. Lo que nos
permite afirmar que el Todo es una pregunta sin respuesta. Y
que nosotros, el Mundo, somos respuestas ilusorias.
A dondequiera que vayamos, llegaremos como extranjeros.
Los vecinos se nos acercarán pensando que traemos respuestas,
pero nosotros sólo sabremos preguntar.
Preguntaremos tanto que, creyéndonos sabios, terminarán aceptando
esas interrogaciones como respuestas.
L
SALUD
os mismos problemas son las soluciones. La enferme-
dad es también la cura de la enfermedad. La curación
84
comienza por la aceptación de la enfermedad y su transfor-
mación en aliada de la Conciencia. La salud es la Concien-
cia. El camino para llegar a la Conciencia es la información,
considerando la información no como palabras sino como
experiencias de un conocimiento que está inscrito en el
cuerpo y que se presenta como pedido de lo que falta. Y lo
que falta es la experiencia de la unión total con el Todo.
Luchando hasta el límite de nuestras fuerzas por huir del Cazador,
con el deseo salvaje de permanecer en la ignorancia del otro,
viendo a todas horas el peligro que nos viene desde adentro,
somos incapaces de aceptar el tajo de la guillotina eterna,
entregando a la canasta esa cabeza llena de imágenes blandas
y palabras como pájaros ajenos, saliendo sin cesar de su boca,
para que nuestra mirada, vuelta virgen, no reconozca el objeto
sino que lo descubra o bien lo invente,
como una isla silenciosa en el tumulto del mundo.
SERVICIO
‘n Todo incognoscible es impensable para la parte.
De aquello que no conoce, le es imposible afirmar su
existencia ni tampoco su inexistencia. Sólo le es posible
creer en lo real. Aceptando su propia existencia y la de las
otras partes como ficciones sin más realidad que la impen-
sable totalidad de ellas mismas, acepta que aquéllas, aun-
que ilusorias, son la única posibilidad que tiene de contac-
85
to con el Todo, y se dedica a servirlas convirtiéndose en
centro de comunicación, para establecer lazos que las
unan de más en más, con el ideal de llegar a la unión con-
sciente de la totalidad de las partes.
Se libera de la tiranía de su rostro para hacerse esclavo del mundo.
Por eso rehusa identificarse con la forma que le muestra el espejo.
Ocupar el sitio más pequeño no le quita el placer fugaz de existir.
Unos van, otros vienen, él es una piedra incrustada en el camino.
Cuando ayuda a los otros, no hace más que ayudarse a sí mismo.
(La sumisión del humilde es la absoluta aceptación del presente.)
E
SINCERIDAD
1 individuo no piensa, ni siente, ni desea, ni necesita:
acree pensar, cree sends, cree desear, crée necesitar. Los
pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades no son
personales; parecen pertenecer al género humano pero, en
realidad, son representaciones de las fuerzas universales que
obedecen a la voluntad del Todo. Un individuo sincero es
aquel que, en su contexto, y sin fingimientos, expresa lo que
piensa, siente, desea y necesita, con conciencia de que aque-
llo que expresa no le pertenece ni depende de su voluntad.
El poésofo considera que no debe hablar de sí mismo presentán-
dose como un modelo sublime o un ángel expiatorio (su herida
no interesa si no es la herida de todos). También se niega a des-
86
cribir el cuerpo de la mujer. No son las trenzas ni la piel ni los
senos ni el perfume: es el alma. Tampoco desea lamentar la
muerte de un ser querido. Para colmar esa ausencia ni un cos-
mos de poemas bastaría. Ahí sólo cabe el silencio. Mucho menos
quiere, mediante nostalgias infantiles, encubrir su inmadurez.
El niño adolorido debe ser expulsado para dejar paso al nave-
gante solitario, capaz de eludir las olas y llegar al puerto que
anula todas las esperanzas. No necesita ponerse al servicio de
una ideología. Asestar una verdad partidaria es sólo un comer-
cio oportunista. El poésofo se niega a rendir homenajes al espa-
ñol antiguo. Las rimas hermosas en su tiempo hoy son novias
carcomidas. Tampoco quiere cultivar la forma despojando a
las palabras de su insondable contenido. Sin laureles, abando-
na la carroza para avanzar, desnudo en la memoria, hasta lle-
gar al olvido y obtener la gloria de conocer la mirada del Otro
a costa del sacrificio de la ilusión de sí mismo.
TERNURA
1 reconocer un individuo que su existencia aparente
A esconocer te compren-
es frágil frente a la fuerza eterna de lo real,
de la fragilidad de los otros, si no son conscientes de que
termina todo lo que comienza, y establece con ellos, respe-
tándoles la inocencia, relaciones sutiles de escucha y pro-
tección, sin pedidos ni tomas de poder, sabiendo que la
Conciencia, para quienes se identifican con la ilusión, es
motivo de insoportable dolor.
87
Nadie ha escrito nunca nada, hemos sido siempre mudos;
estos gorriones que nos salen de la boca no son palabras.
Nadie ha escuchado nunca nada, tú no dijiste en el hospital:
«Se me está hinchando la frente, creo que me va a crecer un reloj».
Nunca vimos el rostro acongojado de aquel sacerdote viejo
que hundía agujas en los senos del retrato de su abuela.
Nunca abortó Mirra justo el día en que castraron a Noé,
ni se le erizaron los pelos al ver a su gatito muerto,
ni lo lamió durante horas para después morderlo
lanzando un alarido humano. Nunca vimos desvanecerse,
entre las manos del mendigo ciego, esa paloma hecha con vapor de agua.
Nunca aquel resto de rompecabezas chino se pudrió en la lluvia,
ni tampoco se corrompió la muñeca de porcelana vestida de niña
con la que dormimos durante nueve años de nuestro matrimonio.
Nunca coleccionaste alas de mosca para hacer un retrato de tu padre.
Nunca conversamos en su tumba tomando té y devorando un sombrero.
Nadie ha escrito nunca nada. Nos hemos dejado llevar por la corriente,
imaginando, sin protestas, que ella era nuestra voluntad sagrada.
TRANSPARENCIA
T
odo lo
que cambia, lo que no perdura, es ilusorio. Lo
que perdura, eternamente igual a sí mismo, es real.
El Mundo efímero cree conservarse convirtiéndose en
memoria. Pero el pasado, lo que pareció ser, y el futuro, lo
que parecerá ser, son ilusorios porque la materia donde
parecen darse es ilusoria. La parte, al dividirse interior-
88
mente, cree tener un contenido real y, por ello mismo, al
intentar apropiárselo, se desolidariza de las otras partes,
corta la comunicación, se identifica con la memoria y la
esperanza de futuro, retarda su disolución en el Todo. Este
aspecto negativo puede ser llamado opacidad, porque a
través de la forma limitada no se manifiesta el contenido
infinito. Cuando la parte reconoce que es sólo forma efí-
mera y renuncia a apoderarse de lo que se presenta como
su contenido momentáneo, es decir, renuncia a cualquier
forma de pasado o de significación futura, manifiesta la
eternidad y la infinitud del Todo: su individualidad no es
obstáculo a la unión de todas las partes. Este aspecto posi-
tivo puede ser llamado transparencia.
Obedeciendo lo que dicta el viento
llegaremos al solitario centro
donde en medio del eterno silencio,
se escucha el murmullo del ser interior.
89
SUEÑOS FELICES
Domadas por el sueño lúcido, hace ya algunos años que al
poeta no lo acosan pesadillas. Ahora, durante el reposo noc-
turno, se le presentan breves acciones y palabras felices que
tejen historias independientes de su voluntad. Estos dicta-
dos oníricos le otorgan un eufórico despertar. Cada amane-
cer, sale del arco iris dispuesto a danzar con las sombras…
Enero de 1997
Estoy en la celda de una cárcel, acompañado por amigos.
De pronto salto de un muro al otro hasta apoyar mis pies
en el techo. Digo con felicidad: «En realidad soy una espe-
cie de bailarín ruso. Tengo casi toda la gracia mas no
puedo doblar las rodillas… Bueno, eso no es tan malo por-
que me permite conservar la dignidad sin arrodillarme
ante nadie».
Enero
En el pubis tengo dos falos semejantes, paralelos. Me mas-
turbo a dos manos. Me pregunto si puedo tener un placer
simultáneo. Con el miembro que empuño en la derecha
eyaculo primero. Un segundo después, y mucho más
intenso, con el que empuño en la izquierda.
93
Febrero
Voy a emprender un viaje, estoy en el aeropuerto. Anuncian
que mi maleta se ha perdido. El personal de la línea aérea,
con gran preocupación, la busca por todos lados. Yo pienso:
<<Puedo viajar sin maleta. No la necesito para nada». Pero
por cortesía me callo y dejo que la sigan buscando.
Olisquean y ladran. Por debajo de sus uniformes agitan ale-
gremente pequeñas colas.
Febrero
Exploro las faldas de una misteriosa montaña sin preocu-
parme de la leyenda que cuenta que está habitada por
feroces guerreros de oro. En una gruta de hielo descubro
un manantial de agua caliente. Hundo mis manos en el
agua sabiendo que, después de curar todas mis enfermeda-
des, me dará el poder de curar los males de los otros.
Marzo
Soy niño. Entro en un colegio dirigido por una familia de
gordos. Como instructor gimnástico, me dan un elefante.
Durante los ejercicios me hago muy amigo del animal. Por
las axilas me crecen dos brazos más. Recibo un diploma
donde se me da el título de Demonio Ascendente.
94
Marzo
Para crear en el teatro una pantomima, pongo a seis
mimos en el escenario y les digo que no se muevan porque
la esencia de su arte es la detención del tiempo mediante
la inmovilidad. Descorro el telón, los muestro así, como
estatuas, y me voy. Pienso: «Pobres actores, resistirán quie-
tos sufriendo durante horas, cuando nada les obliga a per-
manecer allí. Si quieren triunfar, no tienen más que
moverse y abandonar el escenario».
Marzo
Doy un curso sobre el . Explico que hay dos clases de
cartas: las <<gigantes» y las «enanas». A las «enanas» se les
comprende de una sola mirada, global. Para las «gigantes»>,
por el contrario, es necesario llegar a su comprensión avan-
zando detalle a detalle.
Abril
Tengo la garganta seca, pido un refresco. En un ojo de
vidrio me ofrecen un líquido dorado. En la bebida navega
una etiqueta que dice «ROCÍO DEL VALLE». Alguien me dice
que, si quiero que me haga efecto, debo beber tragos muy
pequeños para que el contenido me dure las veinticuatro
horas del día porque «la vida es sed».
95
Abril
Planto un árbol en medio del desierto. Un loro negro me dice:
«Cuida mucho la cuna donde dormiste cuando eras niño. El
daño que le hacen a ella te lo hacen a ti». Comprendo lo que
el ave me quiere decir: «El árbol que plantas no es un bosque
pero es necesario que alguien comience>>.
Abril
Estoy almorzando con una familia de gordos en una casa de
campo. Me sirven un plato de sopa de zanahorias de la que
surge un humo musical. «¡Beba rápido esta sopa porque la
abuela sólo la hace una vez cada cien años y se esfuma en
pocos segundos!» Me sorprendo. «¿Cada cien años?» «¡Sí, la
última vez que nos la hizo fue hace un siglo!» Me doy cuen-
ta de
que todos son milenarios. A pesar de quemarme la len-
gua, comienzo a beber la sopa con devoción.
Mayo
Una mujer desconocida me envía por correo declaracio-
nes de amor dentro de canarios disecados. Bajo las plumas
muertas, el canto sigue vivo.
Septiembre
Converso con un tren que se queja porque sólo tiene
vagones de segunda clase. Le digo: «Para todos los trenes
96
hay una primera clase. Mas para obtenerla tienes que
bajar. Tu tarea consiste en fabricar nuevos rieles».
Septiembre
tra-
Veo tirada en la calle una cerradura sin puerta. Mucha
gente, blandiendo una llave, hace cola esperando turno
para tratar de abrirla. Nadie logra hacerlo y todos se des-
esperan. ¿Pero por qué quieren abrir una cerradura sin
puerta?
Octubre
Estoy con mi hermana en la terraza de un restaurante.
Mientras ella se distrae comiendo un corazón asado, yo
miro hacia el cielo: una gran nube toma la forma de un
animal desconocido. De pronto la silueta es coronada por
un arco iris. <<¡Mira -le digo a mi hermana- es una mara-
villa! ¡Apúrate porque va a desaparecer!» Efectivamente
ella, preocupada en mascar la carne dura, tarda en levan-
tar la cabeza y, cuando lo hace, el arco iris ya se ha esfu-
mado. La empujo por una escalera hacia una terraza más
alta. Desde allí vuelvo a ver el arco iris. Éste se parte en
tres anillos, uno a la altura de la cabeza de la figura que
forma la nube, otro a la altura del pecho y el tercero a la
altura del sexo… «¡Por fin veo al ser humano!», exclama
llorando mi hermana.
97
Octubre
Un mandarín chino yace en estado de coma. Un grupo de
sacerdotes ancianos le aplica, en los costados, una plancha
caliente para ver si el dolor le hace reaccionar. «Pierden su
tiempo -les digo-. Está definitivamente muerto.>> Los
ancianos cesan de quemar el cadáver y me miran. Yo,
extrañado, me pregunto: «¿Qué hago aquí, en China?
¿Quién soy?». El muerto me responde: «¡Tú eres yo, vene-
ra a quien te quema!».
Noviembre
Sueño que las vainas de tres sables antiguos se ponen a vibrar
y sonar. Pienso: «Puedo utilizarlas como despertador». Me
despierto realmente, sintiendo tres punzadas agradables en
el corazón.
Marzo
Sueño que, mientras volamos en un helicóptero alrededor
de la boca de un volcán en erupción, le estoy dando un
curso de poesía a un grupo de poetas ancianos. «No des-
criban sus experiencias, el poema debe ser la experiencia.

>No muestren lo que son, sino lo que van a ser. No exhi-
ban sus sentimientos, creen con el poema un nuevo senti-
miento. No revelen lo que saben, sino lo que sospechan. No
98
busquen lo que son sino lo que no son. Por lo tanto, ahora
que son sueño, dejen de soñar.» Entonces me despierto.
Mayo
Feligreses hambrientos cavan en el piso fangoso de una cate-
dral. Mediante cuerdas, con grandes esfuerzos, extraen una
rata, del tamaño de una vaca, embarrada y agonizante. Con
mis uñas afiladas le abro el vientre y extraigo un esplendoro-
so ángel que se eleva para romper un vitral y volar hasta per-
derse en el centro del cielo.
Mayo
He ido hasta un altísima montaña en busca de mi hijo
muerto. Lo conduzco en automóvil hacia el valle. La nieve
ha borrado todos los caminos, pero dirijo con entusiasmo,
a pesar del peligro de caer en precipicios, porque llevo a
Teo hacia una enorme fiesta. Él ríe. Entramos en la ciu-
dad. Por todas las calles hay desfiles de carnaval encabeza-
dos
por sus hermanos.
99
ACERCA DEL AUTOR
ALEJANDRO JODOROWSKY nació en Chile en 1929, hijo de emi-
grantes rusos. Sus padres querían que estudiase medicina,
pero él se decantó por el mimo, el cine, el tarot y la literatu-
ra. A los veintitrés años se fue de Chile, país al que regresa-
ría cuarenta años después. Reconocido en todo el mundo
como uno de los creadores más personales de las últimas
décadas, ha filmado películas como Fando y Lis, El Topo, La
montaña sagrada y Santa Sangre, clásicos dentro del cine de
culto. Autor de novelas como Donde mejor canta un pájaro
(1994), El niño del Jueves negro (1999), ha escrito ensayos
como Los Evangelios para sanar (1998), Psicomagia, una tera-
pia pánica (1995) o La danza de la realidad (2001). Junto con
el genial ilustrador Moebius nos ha dejado también varios
clásicos de la historieta, entre ellos El Incal
En la actualidad reside en París, donde creó el «Cabaret
místico», escuela que combina psicoanálisis, una revisión pro-
funda de la lectura del Tarot, la «psicomagia» que devuelve
los hechos cotidianos a modelos míticos y la «psicogenealo-
gía», una terapia sobre las herencias psicológicas y familiares.
101
ÍNDICE
Prólogo
La escalera de los ángeles
Diccionario poesófico
Sueños felices
Acerca del autor.
7
9
63

91
101
103

EDICIONES OBELISCO
Piedras del camino
Alejandro Jodorowsky
PIEDRAS DEL CAMINO
Alejandro Jodorowsky
Tratando de valer
te olvidas de ser
He aquí 201 textos, breves, muy bre-
ves porque son 201 pasos en el cami-
nar, 201 eslabones de la vida y la muerte del hombre. A
veces somos arrastrados («ya no camino / el camino me
lleva»); otras, el futuro es deseado como desea el ladrón lo
robado («cada nuevo día / es un regalo») y con frecuencia
asaltan el dolor, la duda o la insatisfacción («Piensas una
cosa / deseas otra / amas otra / haces otra cosa»).
Con todo, persiste siempre la esperanza y el deseo del
más allá (<«<la eternidad cada día mendiga mi confianza»).
Alejandro
Jodorowsky
La sabiduría de los cuentos
LA SABIDURÍA
DE LOS CUENTOS
Alejandro Jodorowsky

La presente antología de cuentos se
inscribe en una larga tradición de
narrativa iniciática que se remonta a la noche de los tiem-
pos. Alejandro Jodorowsky nos invita a emprender un cami-
no de conocimiento a través de la interpretación de los
cuentos tradicionales. Gracias a él y a una pizca de magia, el
cuento clásico adquiere un sentido nuevo, profundo, a
veces radicalmente opuesto al literal y evidente.
También nos recuerda que hubo una época en la que
el cristianismo, el islamismo y el judaísmo convivían en paz.
Una época, no tan remota, en la que en cada pueblo la iglesia,
la mezquita y la sinagoga compartían espacios y conocimien-
tos, una época en la que reinaban el respeto y la tolerancia.
Los cuentos sufís, taoístas, judíos, budistas e hindús
seleccionados y comentados por Alejandro Jodorowsky nos
transmiten una sabiduría excepcional. Este libro nos enseña
que la realidad depende de cómo la miramos, que podemos
trabajar nuestra mirada y, de este modo, alterar mágicamen-
te las apariencias abriendo nuestros sentidos y corazones a
una experiencia de lectura fascinante… ¡psicomágica!

Alejandro
Jodorowsky
El dedo y la luna
cuenias Zen, Haikus, Koons
EL DEDO Y LA LUNA
Alejandro Jodorowsky
Un viejo proverbio oriental dice que
cuando el sabio señala la luna, el
necio mira el dedo, pero el dedo y la luna pertenecen a
dos mundos diferentes, a dos realidades distintas, como
nos enseña el budismo zen.
En el presente libro el autor reúne 60 de estos cuen-
tos comentándolos y desvelando la extraordinaria riqueza
que contienen. Estos cuentos, Haikus y Koans en la más
pura tradición zen, son historias para sorprender, para pro-
vocar y, sobre todo, para ayudar a despertar al discípulo
capaz de olvidarse del dedo y admirar directamente la belle-
za de la luna.

-OFERTA-
PVP
LIB
10,45 Eur.
ALEJANDRO JODOROWSKY
LA ESCALERA DE LOS ANGELES

tabla de salvación. No hay en este libro ni una sola palabra que
no me haya sido dictada por ese centro luminoso que es la raíz o
el fruto de nuestra sombra.>>
Alejandro Jodorowsky
El libro del Génesis habla de una escalera «apoyada en la tierra>>
cuyo «extremo toca el cielo» y de la cual suben y descienden los
ángeles. Este subir de la tierra y bajar del cielo se le presenta al
autor, tras la muerte repentina de su hijo, como una vía doble y
simultánea para poder aliviar su dolor y acceder a la sabiduría.
Paralelamente esta imagen le sugiere diferentes formas de pensar,
una clara y sencilla, que poco a poco se va haciendo poesía, y
otra, emocional, compleja e incierta, que se va convirtiendo en
filosofía. Ambas se entremezclan en estas páginas, unidas en un
corazón único que late en aquella zona donde el dolor ya es
impensable.
ALEJANDRO JODOROWSKY nació en Chile en el año 1929, hijo de emigrantes rusos. Sus
padres querían que estudiase medicina, pero él se decantó por el mimo, el cine, el
tarot y la literatura. A los veintitrés años se fue de Chile, país al que regresaría
cuarenta años después.
Reconocido en todo el mundo como uno de los creadores más personales de las últi-
mas décadas, es autor de obras como Los Evangelios para sanar (1998), Psicoma-
gia, una terapia pánica (1995) o La danza de la realidad (2001). Junto con el genial
ilustrador Moebius nos ha dejado también varios clásicos de la historieta, entre ellos
El Incal.
Ediciones Obelisco ha publicado la sabiduría de los cuentos, El dedo y la luna, y
Las piedras del camino, así como una extensa entrevista en Mis antepasados me
duelen.
En la actualidad radica en París, donde creó el «Cabaret místico», escuela que com-
bina psicoanálisis, una revisión profunda de la lectura del tarot, la «<psicomagia>>
que devuelve los hechos cotidianos a modelos míticos y la «psicogenealogía», una
terapia sobre las herencias psicológicas y familiares.
84-9777-266-0
Diseño de cubierta: Enrique Iborra
Ilustración: La Rueda de la Fortuna
del tarot de Jacques Vieville (siglo XVII)
9 788497 772662


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