Se os está quemando la casa. Sólo tenéis 10 segundos para escoger algo que rescatar. ¿Qué salvaríais? Aceptación RA-DI-KAL. (Dedicada a nuestr@ Mecenas de este año).


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Siempre he pensado que la respuesta correcta a qué salvaría si tan sólo dispusiera de 10 segundos mientras se quemaba la casa sería…

…los discos duros con las fotos de toda mi vida.

Bien.

Pues, afortunadamente no se me ha quemado la casa.

Pero, de los discos duros que tengo, uno, con casi 1 Tb de fotos familiares desde hace más de 1 década (es decir, miles y miles y miles) y del que no tenía copia de seguridad alguna, ha cascado.

«¡¿¿¿¿QUÉ DICES!!!!????? Pero si eres informático!!!!!! Tendrías copias de seguridad o al menos las tendrías repartidas en varios discos duros, verdaddddddd????????»

MEEEEEEEEC. Error.

No. No las tenía. Como suena. 🙂

Estaba esperando al Prime Day de Amazon (ayer) para pillarme un disco duro de 20 Tb (VEINTE) que utilizar de backup.

Así que sí, aunque esto no es excesivamente nuevo, se confirma que soy GGGGGeeelipollas en grado sumo no, en grado sumérrimo.
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Después, me he acordado de las sabias palabras de uno de los más sabios amigos que tengo, C., que siempre me ha dicho que él las fotos las ha sacado «en soporte neuronal».

Y no sabéis la de veces que me he repetido yo a mí mismo eso de sacar las fotos «en soporte neuronal».

Pero bueno, vamos al lío, que creo que esta entrada es importante, porque no va de pajas mentales teóricas sino de HECHOS.

Mi amigo Xavi, hasta hace 15 días estaba viviendo uno de sus momentos más dulces. Pareja + habitación en casa compartida + comida casi gratis en la Cocina Económica + pequeño ciclomotor que se estaba comprando a plazos + pensión por discapacidad + RAI = Capitán General del Multiverso Sideral.

15 días después y por circunstancias que no vienen al caso, quizá termine en la calle otra vez.

Yo pierdo mis fotos. Él quizá se vaya a vivir a un soportal, cobijado de la lluvia dentro de un saco de dormir sobre unos cartones.

Y viene cuando os casco la simpática historia del anillo del Rey. Nah, no es simplemente otra historia más de esas moñas del feisbuk.

Esta quizá sea LA única historia, de cuantas historias «sapienciales» que circulan por ahí, que merezca la pena ser leída.

Así que atentos:
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Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo:

– “He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo”.

Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey.

El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.

El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:

– “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”

– “¿Como lo sabes preguntó el rey”?

– “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.

En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

– “Pero no lo leas”, dijo. “Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.

Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.

Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.

Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento…

Simplemente decía
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“Esto También Pasará”.

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En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio.

Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.

El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado.

El día de la victoria, en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:

– “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”

– “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.

– “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje…

“ESTO TAMBIÉN PASARÁ”

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Qué… ¿lo habéis pillao? Pues eso.

De todas formas, lo de las fotos palidece al lado de algo con aún mayor carga emocional: la pérdida de un ser querido, claro.

Echadle un vistazo al blojck, según entráis en la página principal, a mano izquierda, debajo de la viñeta. Ahí está escrito bien clarinete:
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Respira. Acepta. Ama.

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Lo he explicado alguna vez más ya. Son las tres palabras que interioricé como resumen absoluto de todo lo que «aprehendí» durante mi experiencia con hongos de 2005.
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Viene de: Experiencias con hongos Copelandia Cyanenscens

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Respira: te «ancla» a tierra a la par que te conecta al Kosmos. No en vano el Prana hindú es la respiración del Multiverso. Y, como decían los alquimistas, la realización alquímica consiste en tener la «cabeza en el cielo y los pies en el suelo».

Acepta: Ahora lojplico.

Ama: como AMAR = DEJAR SER.

Como casi todo en la vida, hay grados y grados de ACEPTACIÓN RADIKAL. La primera vez que la experimenté fue con la muerte de una ex-pareja, hace ya unos cuantos años. En el mismo instante en el que me comunicaron la noticia por teléfono, sencillamente acepté que eso fuera así. Hice el duelo en 10 segundos y medio, vamos. Y lo transformé en Amor sin límites al que «eso fuera así»:

Dejar Ser.


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