Brutal Sincronicidad: PROTEUS/PROTEO. (2ª Parte)

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Viene de: Brutal Sincronicidad: PROTEUS. ¿Trascendemos en los sueños la Realidad™®©℠ del Espacio-Tiempo?

Continúa en: Brutal Sincronicidad: PROTEUS/PROTEO. (3ª Parte)

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La brutal sincronicidad ya relatada me sucedió el pasado 11 de Julio.

Bueno, pues… ha vuelto a suceder. Lo dejo registrado por aquí a modo de cuaderno de bitácora, para que no se me olvide. Sí, podría apuntarlo en una libreta, pero el blojck lo tengo más a mano. 😛

Estos han sido los hechos:

Me invitan a un interesante grupo de Telegram de temática bastante «heterodoxa». Saco a relucir el tema de la Imaginación Activa junguiana y la relación de Carl Jung con su Ángel Guardián, Filemón, por si alguien lo conoce. Alguien me pregunta que dónde sale Filemón en la obra de Jung y le respondo con este enlace:

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Who is Philemon?

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Este mismo participante comenta que es una pena que la familia de Jung publicara El Libro Rojo.

Yo le respondo:

«No sé en qué términos se habrá publicado, la verdad o si el propio Jung pidiera que se publicase transcurridos años tras su muerte… tendría que investigar 🤔»

Al ir este participante a leer el enlace anterior sobre Filemón, dice que le acaba de suceder una sincronía con el «Martín Pescador», que estos días atrás ha estado a punto de cambiar su avatar por la de un Martín Pescador… :-O

Sigo investigando sobre El Libro Rojo y doy con este párrafo en la Wikipedia en inglés:

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«After many years of careful deliberations, the estate of C. G. Jung finally decided in 2000 to allow publication of the work, and thereafter began preparations for the publication. The decision to publish was apparently aided by presentations made by Sonu Shamdasani, who had already discovered substantial private transcriptions of portions of the Red Book in archival repositories.[11] Editorial efforts and preparation for publication were underwritten by major funding from the Philemon Foundation

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Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/The_Red_Book_(Jung)#Publication_and_display

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Sigo leyendo la entrada en la Wiki de El Libro Rojo y me encuentro con esto:

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«Biographer Barbara Hannah, who was close to Jung throughout the last three decades of his life, compared Jung’s imaginative experiences recounted in his journals to the encounter of Menelaus with

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PROTEUS

in the Odyssey.»
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Vale.

Me rindo.

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Voy a las fuentes:

 

Dice Jung en Aion (7:338):
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La Odisea, traducción de Carlos García Gual:

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Habla Menelao con la hija de Proteo, la diosa Idotea:

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»“Voy a hablarte con franqueza, quienquiera que tú seas de las diosas, pues no me
encuentro acá detenido por mi voluntad, sino que debo de ser culpable de algo a los ojos
de los inmortales que habitan el extenso cielo. Mas tú, a tu vez, dime, ya que los dioses
todo lo saben, cuál de los inmortales es quien me detiene y me ha privado del camino y de
la vuelta navegando sobre el mar rico en peces”.
»Así hablé, y enseguida me contestó la divina entre las diosas:
»“Pues bien, yo voy a hablarte con sinceridad, extranjero. Frecuenta este litoral cierto
anciano del mar, veraz, inmortal, el egipcio Proteo, que conoce todos los hondones del
mar, como súbdito de Poseidón. Cuentan que es mi padre y que él me dio el ser. Si a éste tú
de alguna manera pudieras tenderle una trampa y atraparlo, él es quien podría decirte tu
rumbo, los términos de tu ruta y el viaje de regreso, cómo vas a regresar por el mar
poblado de peces. Incluso puede decirte, divino retoño, si tú lo quieres, lo que ha acaecido
en tu palacio, lo bueno y lo malo, mientras tú te encontrabas ausente en tu largo y penoso
viaje”.
»Así habló y yo, luego, contestándole, dije:
»“Aconséjame ahora tú misma acerca de la trampa para el divino anciano, no sea que
la advierta de antemano y, previéndola, se me escape. Porque a un dios le es difícil a un
hombre capturarlo”.
»Así le dije y al punto me respondió la divina entre las diosas:
»“Pues bien, voy a hablarte con total franqueza, extranjero. Cuando el sol cruza por el
medio del cielo, entonces sale del mar el verídico anciano marino, bajo los soplos del
Cé􀅁ro, envuelto en un sombrío encresparse de olas, y, arribando a la orilla, va a acostarse
a una honda gruta. A su alrededor las focas de ágiles aletas, hijas de una bella diosa
marina, duermen amontonadas, saliéndose del espumoso mar, exhalando el acre olor de
los fondos marinos.
»Yo voy a conduciros hasta allí, en cuanto despunte la aurora, para que os tumbéis
detrás de ellas. Tú elige bien a tres compañeros, los mejores que tengas en tus naves bien
bancadas. Y te revelaré todos los trucos del viejo ese.
»En primer lugar contará y pasará revista a las focas. Luego apenas las haya
enumerado a todas con sus cinco dedos y las haya revistado, se acostará en medio de
ellas, como un pastor en medio de sus rebaños de ovejas. En cuanto vosotros le veáis

tumbado aprestad entonces vuestro vigor y vuestra fuerza, para apresarle allí aunque se
muestre embravecido y se debata para escapar. Lo intentará transformándose en todos
los seres que se arrastran por tierra, y en agua, y en repentino fuego. Pero vosotros
agarradlo fuertemente y apretadle aún más.
»Luego, cuando ya él te interrogue con palabras, mostrándose con el mismo aspecto
que tenía cuando se echó a dormir, entonces abandonad ya vuestra violencia y soltad al
anciano, y preguntadle, héroe, qué dios es el que te acosa y por tu regreso, cómo vas a
volver por el mar poblado de peces”.
»Tras de haber hablado así, sumergióse en el mar, que encrespó sus olas, mientras yo
caminaba hacia donde estaban nuestras naves varadas en las arenas. Y mucho se me
alborotaba el corazón mientras caminaba.
»Preparamos la cena y llegó la divina noche, y entonces nos echamos a dormir sobre la
orilla marina.
»Apenas se mostró, surgida al alba, la Aurora de rosáceos dedos, entonces me puse en
marcha a lo largo de la costa del mar de innúmeros caminos, suplicando intensamente a
los dioses. Conmigo llevaba a tres compañeros, a quienes consideraba de más con􀅁anza
para cualquier aventura.
»En ese momento la diosa, que se había hundido en el vasto seno del mar, emergió
trayéndonos de las aguas tres pieles de foca. Todas ellas estaban recién desolladas. Tenía
planeada la emboscada contra su padre. Tras de haber cavado unas hoyas en la arena se
sentó esperándonos. Nos aproximamos a ella y nos hizo echarnos uno al lado de otro, y
nos tapó con una piel a cada uno. En aquel momento se nos vino encima lo peor de la
trampa, porque nos torturaba ferozmente el espantosísimo hedor de las focas criadas en
el mar. ¿Pues quién podría acostarse pegado a un bicho marino?
»Mas ella misma nos resguardó y nos ofreció un excelente remedio. Nos trajo
ambrosía y nos puso a cada uno bajo la nariz un trozo de olor muy agradable, y así borró
la peste de la bestia. Toda la mañana aguardamos con ánimo paciente.
»Las focas surgieron del mar en tropel. Y luego, una tras otra, se fueron tumbando a lo
largo de la playa. Al mediodía emergió el anciano del mar, y encontró allí a sus robustas
focas; las pasó revista y contó su número. Entre las bestias nos contó a nosotros los
primeros, y no sospechó en absoluto en su ánimo que hubiera una trampa. A
continuación se tumbó él también.
»Dando gritos nosotros nos echamos encima de él y le atrapamos con nuestros brazos.
No se olvidó el anciano de su engañoso arte, sino que en un momento inicial se
metamorfoseó en un león de buena melena, y luego en un dragón, en una pantera, y en
un enorme jabalí. Transformóse en un torrente de agua, y en un árbol de altas ramas.
Pero nosotros le reteníamos con ánimo decidido. Así que, después de haberse fatigado, el
viejo, conocedor de trucos, comenzó a preguntarme con palabras y me dijo:
»“¿Quién, pues, de las divinidades a ti, hijo de Atreo, te ha aconsejado tal ardid, para
que me tendieras esta trampa y me apresaras en contra de mi voluntad? ¿Qué necesitas?”.
»Así dijo. Después yo, contestándole, le hablé:
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»“Ya lo sabes, anciano. ¿Por qué me lo preguntas, tanteándome? Que aquí, en esta isla
estoy detenido y se me encoge en mi interior mi corazón. Conque dime tú, pues los dioses
todo lo saben, quién de los inmortales me retiene y me priva de mi viaje, y cómo he de
lograr mi regreso por la mar rica en peces”.
»Así le hablé, y él, respondiéndome al punto, me dijo:
»“Pues es que debías haber hecho cumplidos sacri􀅁cios a Zeus y a los demás dioses
antes de embarcarte, a 􀅁n de que lo más pronto posible llegaras a tu patria navegando por
el vinoso mar. Porque ahora tu destino es no ver a tus parientes ni arribar a tu bien
edi􀅁cada mansión y a tu querida tierra patria, hasta que de nuevo arribes al sagrado
curso del Egipto, río nacido del cielo, y allá hagas sacri􀅁cios con una hecatombe
consagrada a los dioses inmortales que habitan el anchuroso cielo. Y entonces te
franquearán los dioses la ruta que tú anhelas”.
»De tal modo habló, y a mí se me estremeció el corazón, ya que otra vez me instaba a
cruzar el tenebroso ponto hacia Egipto en un itinerario largo y penoso. Pero, con todo,
respondiendo a sus palabras, le dije:
»“Esto lo voy a realizar tal como tú, anciano, me aconsejas. Mas ahora, dime, y
re􀅁éremelo con toda franqueza, si con sus naves volvieron sanos y salvos todos los
aqueos a los que Néstor y yo dejamos atrás al regresar de Troya, o si alguno pereció en
amarga muerte en su nave o ya en brazos de los suyos, tras de haber combatido en la
guerra”.
»Así hablé. Y, al momento, él contestándome dijo:
»“Atrida, ¿para qué me lo preguntas? No es oportuno que tú conozcas eso ni que te
enteres de mi saber. Te aseguro que no has de tardar en sollozar en cuanto te informes
bien de todo ello. Pues muchos de ésos cayeron, y muchos se quedaron atrás. Pero sólo
dos jefes de los aqueos de broncíneas túnicas perecieron en el regreso. En la contienda ya
tú estuviste presente. Y, por otra parte, uno aún vivo está retenido en algún lugar en el
anchuroso ponto.
»Ayante sucumbió junto con sus naves de largos remos. Al comienzo Poseidón lo
precipitó sobre las grandes rocas de Giras y lo puso a salvo del mar. Y allá habría escapado
a la muerte, aunque le era odioso a Atenea, de no haber proferido una frase de desaforada
soberbia y haber desvariado en exceso. Se jactó de que en contra de la voluntad de los
dioses escapaba del gran abismo marino. Y le oyó Poseidón cuando de ese modo tanto se
envanecía. Al instante, blandiendo en sus robustas manos el tridente, golpeó la roca Girea
y la partió en dos. Y de los fragmentos el uno quedó allí y se hundió en el mar el otro, en el
que se encontraba Ayante en el momento de su gran desvarío. Y lo arrastró al fondo del
inmenso mar embravecido. De tal modo murió entonces éste, pues se ahogó en el salado
oleaje.
»Pero tu hermano escapó y logró evitar, entonces, a las Parcas, en sus ligeras naves. Le
puso a salvo la soberana Hera. No obstante, cuando ya iba a doblar el escarpado
promontorio de Maleas, allí le arrebató una tempestad y le arrastró por el alta mar
poblada de peces, en medio de su gran congoja, hasta un confín del predio en donde
antaño tenía su mansión Tiestes, y que ya entonces habitaba el hijo de Tiestes, Egisto. De

modo que desde allí parecía que su regreso sería sin pesares. De nuevo los dioses
mudaron el viento favorable, y ellos consiguieron arribar a su patria.
»Alborozado puso, en efecto, los pies en suelo patrio, y paseaba y besaba su tierra
patria. Cálidas lágrimas 􀅂uían de sus ojos, al ver la tierra tan amada.
»Y entonces desde una atalaya le avistó un centinela, que allí había llevado y apostado
Egisto de traicionera mente, y a éste le había prometido como salario dos talentos de oro.
Vigilaba allá todo el año para que no le pasara desapercibido al cruzar por aquel lugar y
pudiera luego recobrar su coraje guerrero. Se precipitó a dar la noticia al pastor de
pueblos. Y enseguida Egisto dispuso una trampa taimada.
»Eligiendo entre el pueblo a los veinte mejores guerreros, proyectó la emboscada
mientras que, por otro lado, ordenaba preparar un festín. Pronto salió con caballos y
carros a aclamar a Agamenón, rumiando sus infamias. Sin que él lo advirtiera, lo atrajo a
la muerte, y lo asesinó en el banquete, como quien mata a una vaca ante el pesebre.
Ninguno de los compañeros del Atrida sobrevivió, de los que lo escoltaban. Y ninguno
tampoco de los de Egisto, que fueron aniquilados en su palacio”.
»Así habló. A mí entonces se me desgarró el corazón, y me eché a llorar tendido sobre
la arena, y mi ánimo ya no deseaba vivir por más tiempo ni ver la luz del sol.
»Al cabo de un rato, cuando ya me sacié de llorar y de revolcarme, de nuevo entonces
me habló el verídico anciano del mar:
»“Hijo de Atreo, no persistas en llorar por más tiempo tan obstinadamente, porque no
vamos a encontrar ningún remedio. Ahora esfuérzate a toda prisa en arribar por 􀅁n a tu
tierra patria. Que a ése lo encontrarás vivo, o ya lo habrá matado Orestes, adelantándose,
y tú podrás asistir a su entierro”.
»Así habló. Mi corazón y mi noble ánimo de nuevo se caldearon, aunque estaba muy
acongojado, y, dirigiéndome a él, le dije estas aladas palabras:
»“Ya me he enterado acerca de esos dos. Ahora háblame del tercero, del que aún con
vida se halla retenido en el anchuroso ponto, o quizás ya muerto. Quiero, aunque
acongojado, saber de él”.
»Así hablé. Y él, respondiéndome enseguida, me dijo:
»“Es el hijo de Laertes, que tenía su morada en Ítaca. A éste lo vi en una isla,
derramando abundante llanto en la mansión de la ninfa Calipso, que lo retiene a su pesar.
Y él no puede regresar a su tierra patria. Porque no tiene nave remera ni compañeros, que
le pudieran transportar sobre el anchuroso lomo del mar.
»En cuanto a ti, Menelao de divina estirpe, no es tu destino morir en Argos criadora de
caballos y acabar tu sino mortal, sino que los dioses te llevarán al Campo Elisio en los
con􀅁nes de la tierra, donde habita el rubio Radamantis. En ese lugar es dulcísima la
existencia de los hombres. No existe allí la nieve ni el denso invierno ni jamás hay lluvia,
sino que permanentemente envía el Océano las brisas del Céfiro de soplo sonoro para
refrescar a los humanos. Porque tienes por mujer a Helena y por ella eres yerno de Zeus”.
«Después de haber hablado así, hundióse en el oleaje del mar. A continuación yo me
encaminé, con mis heroicos camaradas, hacia las naves, y mucho se me estremecía el
corazón en mi caminar. Luego, apenas llegamos a la nave y la costa, preparamos la cena y
nos envolvió la noche inmortal. Y en tal momento nos echamos a dormir en la playa
marina.

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